Una suma es motivo de debates entre presidentes y titulares de prensa desde hace días: los US$22 millones ofrecidos por los países más ricos del mundo para apagar los incendios en la Amazonía. El anuncio de esa ayuda fue hecho por el presidente francés, Emmanuel Macron, el lunes 26 de agosto, en el marco de la reunión del Grupo de los 7 (G7) en Biarritz, Francia. Macron dijo que el apoyo financiero estaría disponible "inmediatamente" y se destinaría, sobre todo, a pagar más aviones cisterna que combaten las llamas en la selva amazónica.


La oferta quedó rápidamente envuelta en la controversia pública que Macron mantenía con su homólogo brasileño, Jair Bolsonaro, sobre la respuesta a los incendios en la Amazonía. "No podemos aceptar que un presidente, Macron, (…) disfrace sus intenciones detrás de la idea de una 'alianza' del G-7 para 'salvar' la Amazonía, como si fuéramos una colonia o una tierra de nadie", tuiteó Bolsonaro el mismo lunes. Desde entonces, el Presidente brasileño ha dado vueltas y planteado distintas condiciones para aceptar los recursos internacionales, incluida la de que su gobierno tenga el control del dinero.


Pero, la controversia ha eclipsado una cuestión más básica: ¿alcanzan realmente US$22 millones para controlar la serie de incendios que hay en varios puntos de la Amazonía?


"Es nada"


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El G7 está integrado por Estados Unidos, Francia, Alemania, Japón, Canadá, Reino Unido e Italia, y la suma que ofreció contra las llamas es considerada simbólica y escasa por expertos. "Es muy poco, es nada. Gastamos mucho más comprando Coca-Cola todos los días en este país", le dice Emilio Bruna, profesor de ecología tropical y estudios latinoamericanos en la Universidad de Florida, EE.UU., a BBC Mundo. "Lo vi más como un juego político: ellos sabían muy bien, creo, que Bolsonaro no aceptaría. Entonces no iba a importar la cantidad que ofrecían", agrega.


Nigel Sizer, director de programas de Rainforest Alliance, una organización no gubernamental internacional con sede en Nueva York, Estados Unidos; dijo que las campañas de recolección de fondos que han lanzado en medios sociales, reúnen más recursos que los comprometidos por el G7 para combatir el fuego en la Amazonía. "Parece que las personas están haciendo más que estos gobiernos", comentó Sizer en la radio pública estadounidense NPR.


Pero las donaciones individuales también pueden tener distintos puntos de comparación. En los 10 días posteriores al incendio de la catedral de Notre-Dame en abril, gente común y multimillonarios prometieron al menos US$835 millones para restaurarla, mucho más que lo necesario según estimaciones primarias.


¿Cuestión de dinero?


Los recursos ofrecidos por el G7 contra los incendios amazónicos también parecen encogerse, al compararlos con donaciones que han hecho algunos países para proteger y preservar la selva. Por ejemplo, Noruega ha aportado en los últimos años más de US$1.200 millones al Fondo Amazonía en Brasil, que realiza donaciones y financia proyectos públicos y privados para el desarrollo sustentable de la región. Pero, este año Noruega suspendió un pago de US$33 millones contra la deforestación, después que el gobierno de Bolsonaro cambiara unilateralmente la estructura del fondo, y cerrara su comité que elige las iniciativas a apoyar.


Alemania, el segundo mayor contribuyente del fondo, también suspendió un aporte de US$39 millones para la preservación amazónica, ante el aumento de la deforestación en Brasil.


Bolsonaro negó que Brasil precise de esos recursos y sugirió que Noruega utilice el dinero para reforestar Alemania.


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Entre otras cosas, el Fondo Amazonía había apoyado el combate a los incendios en la selva brasileña, por ejemplo con la compra de aviones específicos para esa tarea. Pero ahora, muchos temen por el futuro del fondo.


El gobierno británico ofreció el martes a Brasil unos US$12 millones para contribuir a la lucha contra los fuegos, aparte de los recursos anunciados por el G7, y el canciller brasileño Ernesto Araújo, aceptó.


Distintos expertos advierten que, aunque los fondos ofrecidos por el grupo de países ricos sea insuficiente para apagar los fuegos, Brasil cuenta con dinero para hacerlo por sí solo. El problema, dicen los ambientalistas, es que el gobierno de Bolsonaro ha restado poder de fiscalización a sus propias agencias de protección ambiental, lo que facilitó la deforestación y quema de selva para actividades agropecuarias y otros fines económicos.


"Brasil tiene los instrumentos para proteger la región", le dice Danicley Aguidar, de la campaña de Amazonía en la organización Greenpeace, a BBC Mundo. "Lo que no se puede tolerar es que Brasil desmonte su política ambiental en favor de intereses económicos", agrega.


Bruna coincide en que "Brasil puede muy bien manejar todos los incendios, lo hizo el año pasado y lo va a hacer el año que viene- Este (año) es un poco fuera de lo normal pero no tanto, y ha sido mucho peor", señala. "Dinero no hacía falta; lo que hace falta es el compromiso del lado del gobierno brasileño, primero de decidir que esto es prioridad".


Actualidad Laboral / Con información de BBC en Español