Es una realidad que muchas plantas en Venezuela no tienen condiciones ergonómicas óptimas; podría decirse incluso que son "productoras de enfermedades ocupacionales".

Trabajos manuales y repetitivos, maquinarias que no han sido modernizadas o procesos que siguen siendo "artesanales", por llamarlo de alguna manera, constituyen fuente directa de padecimientos con ocasión al trabajo. Sin embargo, la falta de condiciones ergonómicas no es la única culpable de las enfermedades ocupacionales. Hay otra razón, y me atrevería a decir que es la más nefasta de todas… ser de ocupación, enfermo.

Por indeterminada razón, algunos trabajadores disfrutan ser enfermos de ocupación; y es que, resulta bien curioso como aquellos “limitados” (como comúnmente se les llama) se niegan a realizar cualquier tipo de labor en supuesto resguardo de su salud.

Su objetivo parece ser evitar a toda costa el trabajo. Pero ¿cómo es esto posible? ¿qué tipo de aspiración puede tener un individuo que va todos los días al trabajo para ser enfermo?

A mi modo de ver, esta actitud es producto del Estado paternalista que tenemos; si no es así, díganme ustedes cómo resuelven el hecho de tener un número equis de trabajadores con limitaciones médicas, que además de cobrar todos los beneficios, no hacen otra cosa que ser enfermos de ocupación (porque aquí no estamos metiendo a los ocupacionales, los de verdad).

Engrosan la lista de “limitados” y también su bolsillo. ¿Se atreverán alguna vez a engrosar su mente? Sin ánimos de ofender, no puedo entender como una persona que aun es capaz para muchas labores, que puede constituir valor agregado en diversos procesos industriales, que además es sostén de hogar y “ejemplo” para sus hijos; se conforme con trabajar como enfermo.

Pero me cuesta más entender, cómo un Estado es cómplice de esto. Quienes tienen en su nómina a trabajadores enfermos de ocupación, saben que no hay mucho por hacer: no pueden despedirlos sin justa causa, tramitar la incapacidad ante el INPSASEL puede tomar años, negociar con ellos es tan costoso como con un Enfermo Ocupacional real; en fin; no son valor agregado, pero no puedes apartarte de ellos. Estarán allí hasta que la “enfermedad” les genere lo suficiente; o hasta que otra víctima resulte más atractiva que tu empresa.

Y mientras tanto, las políticas del Estado no hacen nada por resolverlo. Los enfermos de ocupación suman números al índice de empleo, que según el gobierno, mejora cada vez más. Pero es obvio que mejora mientras crece constantemente el número de enfermos ocupacionales (porque también los hay de verdad) y de enfermos de ocupación; debo contratar a otros que cubran sus vacíos; el índice va de “maravillas”, pero los costos de mantener a más trabajadores de los que necesito, están acabando con el aparato productivo (entre otras numerosas razones).

Ahora bien, digamos que el Estado no hará nada (¡por ahora!); ¿Qué vamos a hacer nosotros?

Podríamos comenzar por distinguir entre quienes verdaderamente padecen enfermedades ocupacionales, quizá con mejor ánimo y disposición a seguir siendo valiosos para la empresa; y los enfermos de ocupación, quienes aprovechan toda lesión o padecimiento para evitar cualquier labor que implique un esfuerzo (durante su jornada).

Hecha la distinción, debemos actuar como probablemente no queremos hacerlo… generando empatía. Estas personas que disfrutan su labor como “enfermos”, son tan humanos como nosotros, tienen familia, preocupaciones, van al mercado, al parque con sus hijos, en fin; estoy segura de que compartimos varias cosas en común.

Pues de allí debemos partir, de diseñar un plan para ser empáticos con ellos, y permitirles identificarse con nosotros, generar cercanía y trabajar, casi como un coach emocional, en recuperar las “ganas de trabajar” de ese enfermo de ocupación.

Encontrar la manera de motivarlos, y a partir de allí comenzar a incluirlos en los procesos; cualquiera que sea, por sencillo que sea; pero darle la relevancia que tendría cualquier otro cargo en la organización.

Probablemente no es la fórmula que escucharían de un abogado, pero es la fórmula que ellos no esperan de nosotros. Cuando no somos predecibles, captamos la atención del otro; y cuando eso sucede, tenemos abierta la posibilidad de lograr el objetivo.

Sin embargo, debo decir que no es la fórmula perfecta, pero seguramente nos ayudará a rescatar a algún trabajador enfermo de ocupación; quien quizás (por qué no) posee talentos que resultan en todo un valor agregado para la compañía.

En estos tiempos de crisis, ninguna opción parece tonta o despreciable. Todo lo contrario, aquello que nos permita optimizar el aprovechamiento de los recursos que tenemos (a veces recursos impuestos) es una buena opción.
Se me ocurren de hecho varios ejemplos que, sin mucho esfuerzo, alguien puede hacer: Inspector de Condiciones de Seguridad Laboral; Detector de Oportunidades de Ahorro, Líderes de programas como Buzón de Sugerencias o similares (que les permita ser líderes e imagen del proyecto); en fin, labores que probablemente ya hace alguien, que está bastante atareado y que no se molestará por delegar algunas obligaciones.

En definitiva, si al final del día recuperamos a un enfermo de ocupación, podemos cantar victoria. Si no… nos queda la certeza de haberlo intentado “todo”.

Por: Ilyana León / Abogada

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