Terminó el Mundial de Fútbol y me dejó una gran enseñanza, el orgullo y la arrogancia siempre conducen al fracaso.

La selección de Brasil estuvo dirigida en este mundial por Luiz Felipe Scolari "Felipão", un entrenador de mucha experiencia y que dicen es uno de los mejor pagados del mundo. La verdad es que antes de que él fuera contratado los resultados de la selección de Brasil eran poco menos que lamentables y una vez que él se hizo cargo de la selección las cosas mejoraron.

Scolari cuenta en su palmarés haber guiado a la selección canarinha a obtener su pentacampeonato, adicionalmente a ello dirigió la selección de Portugal con la que logró el subcampeonato en la Eurocopa de 2004 y el cuarto lugar en el Mundial del 2006.

En esta oportunidad, el entrenador se rodeó de jugadores de su confianza, aquellos con los que tenía mayor afinidad y amistad, excluyendo de la selección a flamantes estrellas consagradas o en potencia (y que a Brasil le sobran en el mundo entero). Es decir, el entrenador priorizó el amiguismo y el compadrazgo en lugar de seleccionar a los mejores, aun cuando tuviesen opiniones diferentes y no perteneciesen al mismo grupo o partido.

Cuando empezó la copa del mundo y Brasil comenzó a jugar sus partidos, todos nos dimos cuenta que la cosa no saldría bien. Diversos sectores de la prensa, expertos, colegas entrenadores y jugadores hicieron críticas constructivas para que el entrenador brasileño aplicase los correctivos necesarios antes de que fuese demasiado tarde. La respuesta de Scolari fue acusar y atacar a los críticos descalificándolos, excusándose en decisiones arbitrales y culpando a otros de sus propios errores. Todos menos él o sus jugadores tenían la responsabilidad de lo mal que estaba jugando Brasil.

Llegó la semifinal contra Alemania y la realidad le estalló en la cara al seleccionador, a sus jugadores, a los más de 190 millones de brasileños y a los millones de seguidores de la canarinha en el mundo entero. Alemania, en menos de veinte minutos le ganaba al anfitrión Brasil cinco a cero. El partido terminó siete a uno, siendo la mayor goleada recibida por Brasil en toda su historia y eso (como después confesaron los jugadores alemanes) porque Alemania decidió no hacer peor la derrota reduciendo voluntariamente su ritmo de juego.

Después de esta escandalosa derrota, lo menos que uno esperaba es que el seleccionador de Brasil renunciase de inmediato y que incluso la renuncia se extendiese a todo el cuerpo directivo de la federación de fútbol de Brasil. Pero para asombro (o quizás no) de todo el mundo, ni el seleccionador ni los directivos renunciaron sino que por el contrario, anunciaron que desde ya se ponían a trabajar para el próximo Mundial, ya que un cuarto lugar en la copa del mundo que ellos mismo organizaron era un gran logro.

Scolari recapacitó luego y puso su cargo a disposición. El lunes se supo que la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) decidió no prolongar el contrato del seleccionador nacional, aunque los directivos continuarán en sus cargos.

Si hacemos una analogía con Venezuela veremos que hay semejanzas, pues después de quince años dirigiendo a un país que se está cayendo a pedazos por la única razón de un modelo económico ineficiente y anacrónico, la solución es continuar con los mismos dirigentes que hasta ahora han sido responsables de los pésimos resultados del país. Resultados mucho peores que el siete a uno de Alemania a Brasil.

En mi opinión, cada quien debería asumir su responsabilidad y si no hace su trabajo correctamente debería renunciar a su cargo inmediatamente en lugar de afectar a millones de personas por decisiones tomadas de manera arbitraria, orgullosa y prepotente.

Por: Juan Carlos Varela / Abogado
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