El mundo laboral ha cambiado en los últimos años. Han aparecido nuevas profesiones, se han automatizado muchos procesos, cada vez se habla más de teletrabajo y de jornadas flexibles. En el caso del dress code o código de vestimenta, la flexibilización de esta normativa interna es una tendencia que ha ganado fuerza en las empresas, pues la idea de generar un clima laboral positivo que reduzca las tensiones y mejore el sentido de pertenencia y la productividad en los colaboradores, es a lo que muchas organizaciones están apuntando.


Es en este sentido, que flexibilizar los códigos de vestuario puede convertirse en un factor motivacional para los colaboradores. En Colombia, el banco Itaú implementó en diciembre de 2018 Voy como soy, una iniciativa que nació en Itáu Unibanco Brasil. Para María Lucía Ospina, Vicepresidente de Gestión Humana de Itaú Colombia, “esta flexibilidad en la forma de vestir responde a las expectativas de los diferentes grupos generacionales que tenemos y a la diversidad de los colaboradores de hoy. Y, en términos de resultados, esta campaña se ha reflejado de manera muy positiva en nuestros indicadores de ambiente laboral”.


Sin embargo, aún con iniciativas como las del banco Itaú, el dress code sigue siendo una práctica generalizada en el mundo empresarial, pues la imagen personal de los colaboradores se ha traducido en profesionalismo.


Flexibilidad ante todo


Los tenis (zapatos deportivos), tatuajes y escotes, por ejemplo, son sutilmente prohibidos en muchas organizaciones. Pero, ¿hasta dónde las empresas pueden implementar códigos de vestimenta rígidos? Al respecto, Rafael Rojas, consultor en gestión del talento humano, plantea que las organizaciones establecen protocolos que son compartidos a los colaboradores y, en el momento de aceptar trabajar en la empresa, ellos aceptan también esas condiciones. Por lo que no considera que el dress code atente contra la libertad de los trabajadores.


Rojas también destaca que las empresas han tenido que flexibilizar estos códigos, porque necesitan ser atractivas para las nuevas generaciones. “Estamos en un momento donde los jóvenes no buscan una permanencia larga en las organizaciones, por lo que es fundamental buscar estrategias, que como empresa, me ayuden a generar satisfacción en el cargo y en la organización” dice el consultor. “Además, es necesario buscar cómo hacer frente a la rotación, a la insatisfacción laboral, a la baja productividad, al ausentismo, entre otros aspectos; iniciativas que flexibilicen las prácticas laborales ayudan a las organizaciones a generar un mejor ambiente.


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Asimismo, la caída de la corbata y posicionamiento de la comodidad productiva "hace parte de la nueva estética de las organizaciones fluidas” añade Rojas, quien plantea que una manera de flexibilizar el dress code sin eliminarlo del todo, es llegar a acuerdos con los colaboradores.


Retomando el caso del banco Itaú, Ospina dice que, aunque han flexibilizado el código de vestimenta hay unas reglas básicas y sobre todo una campaña que busca concientizar a los colaboradores, de la importancia de vestirse adecuadamente. “El Voy como soy aplica para todos los colaboradores, pero hemos explicado a nuestros equipos que cuando se tiene contacto con los clientes se deben tener consideraciones especiales, acordes con la atención que se merece nuestro cliente, que es nuestra razón de ser”, apunta Ospina.



Actualidad Laboral / Con información de Capital Humano by Colsubsidio