Cuando se piensa en los desafíos de cara al futuro que indiscutiblemente debemos enfrentar como individuos, como sociedad, como país y en general como habitantes de este mundo, la degradación ambiental, incluyendo el agotamiento y deterioro de los recursos naturales, representa una de las más serias amenazas a la economía y a un desarrollo sostenible.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) en su intento por “envolver las aspiraciones de desarrollo del mundo” ha planteado los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) para el 2015, siendo uno de los ocho objetivos “garantizar la sostenibilidad del medio ambiente”. Tal como lo plantea la OIT (2007), el cambio climático se acelera y el mundo se aproxima al “cuello de botella” que se alcanzará aproximadamente en el 2050, mientras la población del planeta no deja de crecer, aspirando a mejoras en el bienestar material y la erradicación de la pobreza, una realidad que afecta a casi la mitad de la población de la tierra en la actualidad. Al parecer,  las metas asociadas a la conservación del ambiente sólo podrán ser alcanzadas en la medida en que se acentúe un crecimiento económico sustentable que genere más y mejores empleos, porque la verdad incómoda en la que vivimos es que el desarrollo económico basado en la actividad empresarial, como la conocemos hasta ahora, no es sostenible.

En la búsqueda por solucionar esta problemática se debe contar con la participación de todos los actores de la vida económica y social, donde los empresarios desempeñan un papel fundamental en la creación de políticas internas y programas que generen en toda la organización una cultura realmente arraigada sobre cómo aprovechar los recursos, cómo ahorrar energía y una preocupación por el cuidado del ambiente, que logre influir en hábitos de la vida diaria de su fuerza laboral. En este sentido, algunas organizaciones han optado por transformarse en “organizaciones verdes”, con alta preocupación por el ambiente, orientando su acción no sólo a la productividad sino a la disminución de los impactos negativos al ambiente a lo largo de su proceso productivo. Este tipo de empresas ha decidido ser verde no sólo en sus acciones externas, sino también en sus políticas internas, haciendo uso tanto de sus recursos materiales, como las ideas, iniciativas, capacidades y esfuerzos de su capital humano.

Para Swallow (2009) las organizaciones de hoy, y en especial aquellas comprometidas con el ambiente de forma directa, deberán tomar en cuenta el contenido verde en sus procesos internos en pro de garantizar que en la ejecución de sus actividades se cumpla con los objetivos propuestos, por lo que, considerando que el recurso humano es el capital más valioso e importante de una organización, ésta deberá contener una gerencia de recursos humanos considerada como “verde”, que logre en cada uno de sus procesos captar con éxito las nuevas demandas de la empresa: descripciones verdes de trabajos para los empleados, identificación de percepciones frente a prácticas verdes, aspectos verdes en el proceso de inducción, entrenamientos que introduzcan eco-valores, procesos de socialización verdes, sistema de recompensas asociados al cumplimiento de objetivos verdes, etc. En definitiva, una gestión verde de recursos humanos es aquella donde, a lo largo de sus procesos, logra integrar aspectos claves que por su particularidad, generan un impacto positivo y beneficioso en la contribución por la conservación del medio ambiente.

Específicamente en Venezuela, ha existido una aproximación al tema en cuestión. No obstante, y si bien es verdad que se han realizado grandes esfuerzos, no menos cierto es que muchos de ellos han sido dedicados a actividades sociales y filantrópicas y como resultado del establecimiento de leyes tributarias que permiten el desgravamen de estas actividades. A pesar de ser uno de los seis países megadiversos de Latinoamérica, las comunidades vegetales han sido y siguen siendo objeto de múltiples intervenciones. Cada año con más frecuencia se destruyen más bosques, sabanas y herbazales, con el fin de dar respuesta al crecimiento demográfico y a la falta de planificación de viviendas, al desarrollo de actividades agrícolas, ganaderas y forestales, al desarrollo urbano, vías de comunicación, etc., lo que ha generado la destrucción del hábitat de muchas especies, disminuyendo su diversidad biológica; igualmente, la degradación de los bosques representa un aspecto clave en la generación de excesivas cantidades de dióxido de carbono, contribuyendo al calentamiento global. A pesar de que el contexto hoy nos plantea un conjunto de retos que hacen difícil plantear la conservación del ambiente como un tema prioritario, la invitación es a que las organizaciones entiendan este objetivo como de carácter estratégico, introduciendo cambios graduales que empiecen por el propio talento que las integra.

Gustavo García / Industriólogo

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