En la columna de la semana pasada les comenté sobre una pregunta que me hizo mi hijo con relación al comunismo. Las respuestas y comentarios recibidos fueron muy interesantes, tanto los buenos como los malos (incluyendo los irrespetuosos).

Se me ocurrió que quizás sería adecuado hacer un ejercicio de imaginación (en especial pensando en los que insultan de oficio, sin razonar lo que responden y que descartan, sin más, las opiniones divergentes) y escribir sobre que habría respondido si mi hijo hubiese preguntado sobre capitalismo y no sobre el comunismo.  Vamos a ver cómo me sale el experimento. Espero sus comentarios.

...El otro día mi hijo de once años se acercó y con voz y rostro muy serios me preguntó en qué consistía el capitalismo.  Él me había escuchado discutir sobre el tema con algunos amigos que vinieron de visita y de seguro eso le generó curiosidad.

Al principio me propuse contestarle con todo el rigor académico que la oportunidad merecía. No quería perder el chance de contarle todo sobre el tema. Hablarle de la Guerra Fría, del libre mercado, de las leyes de la oferta y la demanda, de la propiedad privada, de la libre competencia y de las libertades económicas. Y, por supuesto, de la ausencia absoluta de capitalismo en toda la historia económica venezolana.

En la medida en que organizaba mis ideas, e incluso buscaba mis libros y apuntes sobre el tema (estaba preparando una clase magistral), caí en cuenta que todo aquello era muy complicado para un chamo de once años recién cumplidos.

Luego de pensarlo bien, decidí modificar la metodología que estaba utilizando y me dediqué a buscar en Internet información sobre el tema pero adaptada a los jóvenes y niños. Esperaba encontrar material didáctico sobre el capitalismo visto desde una perspectiva más juvenil y actualizada.

Luego de varias horas de búsqueda exhaustiva, ante la enorme cantidad de información disponible sobre el tema, nuevamente pensando en la forma más sencilla y simple de explicarle a mi hijo el concepto de capitalismo, tomé la decisión de no utilizar ninguna de la información recabada y, por el contrario, me concentré en buscar una vía más adecuada.

Por varios días le di vueltas al tema en mi cabeza, quería que el mensaje fuese claro, preciso, simple y fácil de recordar. Repasando en mi mente las conversaciones recientes con mi hijo, una de ellas me pareció perfecta para la ocasión. En ese momento y por arte de magia encontré la mejor manera de explicarle.

Lo llamé, él estaba en su cuarto en ese momento, y le dije: "Juan Carlitos, por favor, acompáñame a dar una vuelta y caminar un rato". Al principio a él le pareció extraño, creo que por un momento pensó que estaba en problemas por algo malo que había hecho, sin embargo aceptó de una muy buena manera.

Cuando estábamos a mitad de camino, me detuve, lo miré a la cara y le dije: "Estuve pensando mucho en la pregunta que me hiciste el otro día, esa sobre el capitalismo y creo que te tengo la respuesta".

"Hijo... ¿te acuerdas el otro día que llegaste del colegio, feliz porque habías obtenido el primer premio en la feria de ciencias con el proyecto que tanto tiempo, esfuerzo y dedicación te había tomado?".

"¿Y que desde ese momento ahora te esfuerzas aún más en tus proyectos, teniendo una motivación aún mayor para superarte y ser mejor porque sabes que si trabajas duro y cumples con las leyes no hay nada en el mundo que no puedas lograr?".

"Bueno, hijo, siempre recuerda que lo que te pasó a ti en el colegio es un ejemplo de lo que es el capitalismo".

Juan Carlos Varela / Abogado

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