Peter Scholze, a sus 30 años, acaba de conquistar uno de los hitos más importantes de su disciplina: obtener la Medalla Fields, el llamado “Nobel” de las matemáticas. Su corta edad es un desafío a los grandes maestros de la ciencia, quienes ya lo han aceptado como uno de los suyos.

Fue en 2010 cuando el joven cobró relevancia en el gremio, después de reescribir un estudio de Harris-Taylor sobre teoría de números. El estudio original requirió 288 páginas de sus autores, mientras que Scholze logró extraer la esencia y llegar al resultado en 37 cuartillas.


Para los duchos en el tema, el estudiante de la Universidad de Bonn había logrado eludir partes complejas de la prueba y conectar la teoría de números con la geometría. En las matemáticas avanzadas también se suma restando.


Scholze es alemán, pero también podría ser un autor de literatura. Recuerda un poco a “Pierre Menard, Autor del Quijote”, el inolvidable cuento de Borges en el que un escritor se apropia del clásico de Cervantes y, aunque llega al mismo resultado, la interpretación, de alguna forma, es distinta.


Los métodos atrevidos del alemán lo llevaron a ocupar rápidamente un puesto como catedrático en la misma institución.


“Desde ese momento, Scholze se ha elevado a la eminencia en la comunidad más amplia de las matemáticas. Lo han llamado ‘uno de los matemáticos más influyentes del mundo’ y ‘un raro talento que emerge cada pocas décadas’”, así lo describía, en 2016, la revista científica Quanta Magazine, un perfil que lleva por título “El Oráculo de la Aritmética”.


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Scholze es un genio de los números, pero podría ser estrella de rock.


De cabellera abundante y desaliñada, ojos azules y mirada distraída, Scholze parece más cercano a la imagen de una estrella del grunge noventero que a la de un matemático que se juega el cerebro en cada fórmula.


Pero todo cambia cuando camina ansioso frente a la pizarra donde vacía su conocimiento.


El trabajo que le ha valido al alemán la Medalla Fields confirma que en el campo científico no sólo es importante llegar, sino también llegar primero, contrario a lo que diga cualquier compositor mexicano, como José Alfredo Jiménez.


Los espacios perfectoides que ha desarrollado en estos últimos años abren una nueva ventana para la geometría aritmética.


Pero la rapidez para obtener resultados no es nueva, sino parte del ADN del recién laureado.


Campeón de olimpiadas matemáticas desde los 13 años, el científico culminó en tres semestres la carrera de matemáticas –sin tomar notas en clase–; también se convirtió en el catedrático más joven de Alemania, a los 24, así como en la persona de menor edad en recibir el Premio Leibniz de Alemania, que otorga 2.5 millones de euros para futuras investigaciones. “Ve profundamente en la naturaleza de los fenómenos matemáticos. A diferencia de muchos matemáticos, a menudo comienza no con un problema particular que quiere resolver, sino con un concepto esquivo que quiere entender por sí mismo”, se lee en el artículo de Quanta.


Los nuevos límites que está descubriendo Scholze podrían tener millones de aplicaciones diferentes, de acuerdo con Ana Caraiani, teórica de la Universidad de Princeton.


La idea la comparte el investigador Edward Frenkel, al concebir que el mundo de los números, el álgebra, la geometría y la física cuántica podrían trabajar más juntos que nunca.


Hace 14 años, Scholze escuchó sobre el Teorema de Fermat, y la matemática avanzada que requería para resolverse dejó al adolescente anonadado. Entonces se puso a investigar qué tipo de conocimiento se requería para entender del todo el problema y su solución.


Así fue como el alemán se enganchó totalmente con esta ciencia. Por eso es que Scholze es matemático y no, no podría ser otra cosa.


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