Tú y tu equipo continúan tratando y hablando de la empresa como una ‘startup’, pero, ¿lo sigue siendo? O ¿es hora de dar un paso más? Te contamos diez signos que te indicarán si tu compañía está lista para pasar a la siguiente fase:


1- Tienes un producto. Antes tu conversación giraba en torno a tu idea y lo que podrías hacer con ella. Ahora hablas de lo que realmente estás haciendo. Tu compañía ya no produce solo ideas maravillosas, sino productos reales.


2- Tienes un plan. La mayoría de los proyectos se estancan en la fase ‘startup’ por ser incapaces de encontrar financiación. Pero tú ya has superado eso, y tienes un plan: tu idea ya ha sido probada, cuentas con el dinero necesario para ponerla realmente en marcha y tu producto ya es una realidad. La cosa se ha puesto tan seria que ya cuentas con un plan a 3 o 5 años vista.


3- Tu equipo es ahora tu compañía. En tus inicios tenías un grupo de gente que trabajaba contigo, personas que poseían las capacidades y habilidades que tu ‘startup’ necesitaba y que, por supuesto, compartían tu visión y tu sueño. Ahora, en lugar de referirte a tu “equipo” empiezas a hablar de tu “compañía” más a menudo. Empiezas a plantearte el contratar a más empleados y aumentar la plantilla.


4- Conoces a la perfección tu mercado. En un determinado momento no tenías más que un sueño y una buena idea. Ahora, en cambio, tu compañía produce algo que la gente quiere. Tienes, además, un plan de márketing y de ventas para tu target, y sabes bien cómo llegar hasta él.


5- Has registrado una facturación consistente. En el universo ‘startup’ suele decirse que el número mágico que actúa como barrera es el millón en beneficios. En ese momento los 5, o incluso 50 millones, dejan de ser una fantasía a convertirse en un futuro probable.


6- Te centras en la calidad. En los primeros momentos de una startup todo es nuevo y desconocido; las cosas se van haciendo como pueden y a menudo todo va demasiado rápido como para gestionarlo correctamente, por eso se dice que la mayoría de ellas “mueren de éxito”. Ahora, sin embargo, puedes permitirte centrarte más en la calidad y en los detalles.


7- Eres independiente. Antes la viabilidad de tu idea dependía del dinero de otros. Pero ya no: has comenzado a obtener beneficios, no como para retirarte, pero sí para que la rueda continúe girando sola y tu empresa funcione de forma independiente y se sostenga por sí sola.


8- Atraes a la inversión. Atrás quedaron los tiempos en el que te dedicabas a tocar puertas buscando inversores que financiaran tu proyecto. Ahora que tu idea ya ha despegado y comienza a dar resultados, son los inversores los que se interesan por ella.


9- Ya no tienes tantos riesgos. La existencia de una cierta dosis de riesgo es inevitable y, además, sana. Sin embargo, tu empresa ya ha superado ese momento en el que las posibilidades de éxito pendían de un hilo, y un fracaso significaría una pérdida irreparable de la inversión.


10- Tienes perspectivas de crecimiento. Con un modelo probado y un plan de márketing que ya está dando resultados, el futuro de tu empresa resulta cada vez más halagüeño. Por ello, te planteas que tal vez haya llegado el momento de dar un paso más allá y replantear el modelo ya establecido: aumentar la plantilla, tu producción y tus clientes. Por supuesto, esto también aumentará tus beneficios (es de lo que se trata).



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