19-02-2015
Es una paradoja, pero no una sorpresa. Pretendiendo planificar la economía desde el poder central, al punto de fijar los precios de todos los bienes y servicios considerados esenciales y expropiar empresas y tierras consideradas estratégicas, el gobierno acaba reconociendo la existencia de un precio siempre negado: el del dólar. Al crear el SIMADI los gobernantes regresan a la retórica de la oferta y la demanda, recurriendo a un “mercado” que “decide” como si tuviese raciocinio y voluntad, así sea en un ámbito pretendidamente “marginal” de la economía “socialista” en cuya construcción insisten. El espacio que le conceden es marginal, porque en todos los demás la “guerra económica” es la explicación de la escasez. No el exceso de demanda sobre oferta que surge cuando dicho mercado, omnisciente sólo para SIMADI, no puede “decidir”. Y, sin embargo, es el precio del dólar la referencia ineludible para todas las actividades realizadas en un país monoexportador, donde casi todo lo necesario para consumos y producción es importado.

El gobierno optó por mantener indefinidamente un control con tres tipos de cambio y por negar sus efectos sobre los precios. Los dos tipos más bajos son fijados administrativamente y asignados discrecionalmente, lo que convierte al sistema en una fuente de oportunidades de corrupción. El tercero sigue al precio del dólar calculado indirectamente en Cúcuta y divulgado diariamente por dolartoday.com, un precio que recoge las distorsiones creadas por controles de precios que favorecen el contrabando en la frontera y por la rápida emisión de bolívares hecha por el BCV para pagar gasto público.

Un país con precios relativamente bajos puede exportar a otro sus mercancías, legalmente o no. El contrabando lo prueba una vez más. La gasolina en Cúcuta se vendía en diciembre de 2014 al equivalente en pesos a US$ 0,6 por litro, que al paralelo de Bs. 180 por dólar equivaldría a Bs. 108 por litro. En Venezuela se vende a Bs. 0,097. En Cúcuta cuesta 1100 veces más, haciendo de la exportación (ilegal) de gasolina un negocio muy rentable a ambos lados de la frontera. En estas condiciones, el bolívar no puede encarecerse en Cúcuta sin subir el precio de la gasolina y el de otros productos controlados. Y si el bolívar no se encarece en relación al peso, el dólar paralelo no se abaratará en Venezuela y el SIMADI no tendrá efecto sobre él.

Es indispensable eliminar los controles de precios y de cambio, pero sin olvidar que nuestra economía tiene muy pocas referencias comunes significativas. No existe algo así como un mercado omnisapiente, sino un conjunto de individuos cuyas decisiones se toman en condiciones de incertidumbre, agravada por la ausencia de reglas institucionales aceptables. El desmontaje de los controles debe hacerse gradualmente, identificando mecanismos de coordinación útiles sobre los cuales pueda influirse, como el precio del bolívar en Cúcuta y el presupuesto nacional.

El Presidente ha reiterado que Venezuela alimenta tres países: el de los venezolanos, el de los especuladores y a Colombia. En principio, sería muy bueno alimentar a Colombia, si los venezolanos pudiesen producir lo suficiente para alimentarse y exportar, como hace Colombia. En ausencia de un sistema de precios significativo, las exportaciones a Colombia son hechas por algunos contrabandistas que comercian bienes importados para nuestro país, que no generan empleo ni producción sino escasez para muchos y grandes riquezas para pocos. Es indispensable avanzar gradual y decididamente hacia la eliminación de los controles como parte de un programa que permita producir en nuestro país y mejorar sustancialmente la calidad de nuestra vida.

Ronald Balza / Economista

rbalza@ucab.edu.ve