En la Ley Orgánica del Trabajo del año 97, se establecía una distinción entre dos categorías de trabajadores, los llamados “empleados” y los “obreros”. El obrero era aquel trabajador en cuya labor predominaba el esfuerzo manual, como por ejemplo aquellos que participaban en el proceso productivo de la empresa; mientras que el empleado, era aquel trabajador en cuya labor predominaba el esfuerzo intelectual, caso de un asistente de nómina, un administrador, etc.

Tal distinción quedó superada jurídicamente hablando desde el año 2012 con ocasión de la entrada en vigencia de la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras -LOTTT-, la cual denomina a todos los que trabajan en una empresa o entidad de trabajo como “trabajadores dependientes”.

Sin embargo y a pesar de lo anterior, en la jerga común del venezolano aún permanece tal distinción completamente viva y más aún para quienes formaban parte de la categoría de empleados, ¿la razón?, tradicionalmente las convenciones colectivas de trabajo suscritas en muchas de las empresas, en su gran mayoría amparaban, e inclusive aún amparan, a sólo a los obreros, en virtud que en principio los empleados devengaban y/o devengan un mayor salario mensual en vista de su experiencia profesional, nivel académico, entre otras consideraciones y además porque se suponía que tendrían derecho a beneficios similares a los que se otorgaban a los obreros.

La verdad es que la realidad del país fue y ha sido otra. Con el pasar del tiempo las convenciones colectivas de trabajo han incrementado los beneficios laborales a ser otorgados a los obreros en virtud de las continuas exigencias sindicales, con lo cual los obreros beneficiados reciben pagos superiores a los establecidos en la Ley por concepto de bono nocturno, horas extraordinarias, trabajo en días feriados, la concesión de beneficios en especie como cestas de productos o acceso a bienes producidos por la propia empresa que no eran y en muchos casos, aún no son aplicables a los empleados.

Los empleados por su parte, en lugar de ver mejorada su condición laboral en igual proporción que los obreros, llegaron y llegan actualmente a recibir un salario inferior al de los obreros, a pesar de trabajar normalmente una mayor cantidad de horas que los obreros y tener una preparación académica más elevada, pero en muchos casos, no se les reconocía ni reconoce, el pago de horas extraordinarias o si se las llegan a pagar se hace con base en lo establecido en la Ley y no con lo acordado en la convención colectiva. La realidad en Venezuela es que si un obrero solicita el pago de una hora extra es normal y todo el mundo tiembla, si lo hace un empleado cavó su propia tumba, probablemente pierde la aceptación de su supervisor, es visto como un casi inmoral y posiblemente se quiera reemplazar.

Lo anterior ha generado fugas masivas de talento que se siente insatisfecho e inmotivado, con mayor vistosidad en aquellas ciudades del país en que existen ofertas laborales que permiten la rotación de personal o inclusive fuera del país.

Las diferencias entre una u otra categoría eran y siguen siendo tan notorias, que si bien el salario básico del obrero es inferior al salario devengado por un empleado, al finalizar el mes, entre las horas extraordinarias que se trabajen y que sólo recibe el obrero, el trabajo en días feriados de ser el caso o el pago de otros beneficios como tiempo de viaje,  asistencia mensual perfecta y bono de producción mensual, duplica y hasta triplica el salario recibido al final del mes por el empleado.

Con estas líneas lo que pretendo es reiterar a quienes aún quieren permanecer incólumes, y con gafas oscuras de sol, que se debe dar el mismo tratamiento a “TODOS” los trabajadores de la empresa, tanto a los que producen como a los que hacen que la empresa exista, tristemente se está perdiendo un talento brillante por la falta de motivación personal y salarial y de seguir así, la juventud no querrá formarse ni desarrollarse intelectualmente para construir un mejor país porque al fin del día le conviene más ensamblar un carro, fabricar un motor, colocar tapas en botellas (que son trabajos tan dignos como el del Presidente de la empresa) que administrar una empresa, seleccionar al personal de acuerdo a sus destrezas, organizar equipos de producción y hasta defender jurídicamente a la empresa, que en un país organizado les representaría una mejor calidad de vida para el trabajador y su familia, llegando al punto que hoy en día en muchas empresas los empleados dicen abiertamente “yo quiero ser obrero no empleado”.

José Ernesto Hernández Bizot / Abogado

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