Volvemos con la segunda parte de este interesante post que nos invita a hacer una reflexión detallada sobre la forma como abordamos nuestras tareas diarias, observando si tenemos tendencia a ser adictos a la acción.

El ajetreo está matando al corazón

Hay muy buenas razones para superar la adicción a la acción y la mejor acción para ello es evitar estar ocupado en exceso. Además de que nos impide ver “el paisaje completo”, el ajetreo va matando al corazón.

En chino, la palabra "ocupado" se compone de dos sílabas. Una significa corazón, la otra muerte. No es necesario dar mayores explicaciones. Mientras más ocupados estemos, fluye más energía hacia a la cabeza y menos hacia el corazón. Mientras más ocupaciones tenemos, más tendemos a distanciarnos de los demás y de sus emociones. La adicción a la acción nos mantiene lejos de reflexionar el “por qué” o “para qué”. En el fondo, mientras menos reflexionemos, más socavamos los propósitos, los significados y el amor. Nos convertimos en robots eficaces que logran más. Pero más, es muy a menudo menos, debido a que el corazón no está presente.

Acelerar frenando

Para evitar el colapso de nuestros corazones por nuestra adicción a la acción, hay que reducir la velocidad antes de acelerar. Debemos vivir y trabajar de manera inteligente. Hacer las cosas bien, no un montón de cosas. Una buena analogía para esto es el leopardo.

Probablemente usted ha visto películas de animales y ha visto alguna cacería de un leopardo. Es impresionante. Es el animal terrestre más rápido del planeta y alcanza velocidades importantes, en cuestión de segundos. A pesar de esta característica, el leopardo no se activa ni se precipita cuando ve a su presa, más bien disminuye su velocidad. Realmente se frena. Se agacha y se mueve en cámara lenta, mientras que todas sus fibras musculares se calientan. Luego, cuando está listo, se detona y en cuestión de segundos acelera más rápido que un vehículo deportivo y atrapa a su presa.

El truco del leopardo es reducir su velocidad para acelerar y podemos aprender de eso en nuestra búsqueda de la superación de la adicción a la acción y al ajetreo. Así como el leopardo no corre constantemente tratando de cazar ratones, podemos aprender a enfocarnos en la importancia real de las tareas, las metas en la vida y los alcances en el trabajo, en lugar de hacer las cosas por el simple hecho de hacerlas.

Cuando nos detenemos por un momento y dejamos de hacer cosas, permitimos que el cerebro suelte el impulso inmediato hacia la dopamina. Podemos centrarnos y elegir nuestras acciones con claridad y libertad, en vez de hacerlo impulsivamente. De esta manera, podemos mejorar internamente buscando objetivos más amplios en la vida como la bondad, la felicidad o el que consideremos que sea bien para nosotros. Desacelerar, nos permite estar listos para acelerar.

Andando más despacio obtiene más

Se puede practicar cotidianamente una manera sistemática para desacelerar, realizando pausas de sensibilización. Haga un paréntesis consciente de 45 segundos por cada hora de actividad. Los descansos conscientes son como presionar un botón de reinicio. Le ayudan a restaurar su mente, a salir de la espiral y aumentar su enfoque. Establezca un aviso que le notifique.

Cuando llegue la notificación, deje lo que está haciendo, deje de lado los pensamientos y dirija su atención a su respiración. En el primer ciclo de respiración, relaje el cuerpo y la mente. En el segundo, centre su atención. En el tercero, pregúntese "¿Qué estoy haciendo yo ahora mismo? ¿Persigo ratones o estoy esperando por la presa más grande?"

Por Rasmus Hougaard y Jacqueline Carter, Mindful / Traducción: Gladys Salazar, Addhara Bienestar Corporativo

@CorpoBienestar