La primera encuesta mundial sobre violencia y acoso en el trabajo, publicada hace poco más de un año por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Lloyd's Register Foundation (LRF) y Gallup, reveló que este problema no es excepcional, afectando a casi el 23 % de los empleados. Antes de la pandemia por la covid, este fenómeno se limitaba principalmente al entorno físico de la oficina, pero con la adopción generalizada del teletrabajo, ha surgido una nueva forma de hostigamiento laboral: el ciberacoso.


Raquel Blanco, abogada laboralista y profesora colaboradora de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), explica que aunque el trasfondo sigue siendo el mismo, con conductas que generan un entorno intimidante, hostil o humillante, las formas y medios han evolucionado. La tecnología se ha convertido en una herramienta para el hostigamiento laboral.


El ciberacoso laboral se manifiesta de diversas maneras, muchas de las cuales reflejan las conductas hostiles típicas del acoso presencial. Carlos Galán, magistrado de la jurisdicción de lo social y profesor colaborador de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC, ejemplifica esto con situaciones como asignar tareas inútiles, repetitivas o improductivas al teletrabajador, o ignorarlo en reuniones virtuales.


La diferencia clave en el ciberacoso laboral es que el aislamiento físico se transforma en aislamiento digital y ambiental. Por lo tanto, se considera ciberacoso laboral no solo privar al trabajador de la comunicación con sus colegas o excluirlo de reuniones virtuales, sino también acciones como sacarlo de grupos de WhatsApp laborales o crear grupos paralelos sin su presencia.


Galán destaca que el ciberacoso puede multiplicar su daño mediante el uso de herramientas tecnológicas, como difundir rumores maliciosos o descalificaciones públicas en línea. Las redes sociales se convierten en un terreno adicional para el hostigamiento, ya sea de forma abierta o anónima, e incluso pueden ser utilizadas para recabar información personal sobre la víctima.


Consecuencias devastadoras


Las consecuencias del acoso laboral, especialmente en el contexto del teletrabajo, pueden ser devastadoras para la salud mental y emocional de la víctima. Meritxell Beltrán, experta en igualdad de género y profesora colaboradora del grado de Relaciones Laborales y Ocupación de la UOC, señala que el acoso puede provocar ansiedad, depresión e incluso suicidio debido al deterioro de la autoestima y la sensación de incapacidad para escapar del ciclo de violencia.


El aislamiento físico y la falta de interacción social en el teletrabajo agravan aún más estas consecuencias, generando una sensación de soledad intensa. En un entorno donde no hay oportunidades para compartir momentos informales con los colegas, la posibilidad de encontrar apoyo o incluso tomar conciencia de la situación se ve limitada.


Ante esta situación, los expertos aconsejan a las víctimas activar los protocolos de acoso de la empresa y recopilar pruebas del ciberacoso, que pueden ser fundamentales en denuncias ante las autoridades competentes. También destacan la importancia de buscar apoyo legal y psicológico lo antes posible.


Además, las empresas tienen la responsabilidad de evaluar los riesgos psicosociales e implementar protocolos contra el acoso laboral, incluyendo el ciberacoso, como parte de su planificación. Las tecnologías de la información y la comunicación pueden ser aliadas en la difusión de estos protocolos y en la creación de canales de denuncia efectivos, contribuyendo así a promover un entorno laboral saludable y respetuoso.


Actualidad Laboral / Con información de El Debate