Los representantes sindicales de la zona euro están a punto de comprobar si el mayor crecimiento económico de los últimos años finalmente puede traducirse en un aumento salarial aceptable.

Los sindicatos de las principales naciones del bloque monetario, que han sido entrevistados este mes por Bloomberg, atribuyen los bajos aumentos de salarios a la disminución de las expectativas de los trabajadores desde las crisis financieras y a las reformas estructurales que han debilitado su poder de negociación. Ahora pueden poner como argumento los cuatro años de recuperación económica y el retorno de la inflación, para instar a los empresarios a aceptar mayores aumentos en los acuerdos de negociación colectiva.

Una remuneración más elevada es fundamental no sólo para los trabajadores. A los gobiernos les preocupa el resurgimiento del populismo, y el Banco Central Europeo, que se reunirá en una semana, no puede dejar de proporcionar un estímulo extraordinario mientras se esfuerza por alcanzar su meta de inflación. El presidente del BCE, Mario Draghi, ha expresado su particular preocupación puesto que la escasa remuneración podría estar frenando la economía.

"Estamos de acuerdo con Draghi", señala Carlos Martín, jefe del departamento económico de Comisiones Obreras, el mayor sindicato de España. "¿Quién ha visto un verdadero aumento salarial en España? No será la clase obrera".

España: curar heridas

En España, donde los sindicatos y las patronales actualmente están en conversaciones sobre las remuneraciones del próximo año, hay señales incipientes de que los aumentos podrían estar en camino.

El país es un claro ejemplo de la conmoción que ha causado a los trabajadores las dificultades financieras de Europa. El desempleo se triplicó hasta llegar a superar el 26%, e incluso ahora, con un índice por debajo del 19%, el país supone la cuarta parte de todos los desempleados del bloque monetario. Martín dice que las cicatrices, más las reformas laborales aprobadas en los últimos años, han dado ventaja a los empresarios.

El crecimiento anual de sueldos y salarios españoles desde que la zona euro salió de la recesión en 2013 ha promediado apenas el 0,8%. Sin embargo, la economía, la cuarta del bloque en tamaño, crecerá al menos un 3% este año, y los precios al consumidor están subiendo de nuevo después de dos años de deflación.

El Gobierno de Rajoy, que perdió la mayoría en 2015, está a favor de aumentar los salarios. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, propone vincular los aumentos del sector público al crecimiento en lugar de a la inflación, que para el Gobierno cerrará el año por debajo del 1%, y la ministra de Trabajo, Fátima Báñez, reclama una recuperación más inclusiva.

Italia: dos frentes

Los trabajadores italianos al parecer se enfrentarán a una batalla mucho más dura. El Gobierno y los sindicatos actualmente están negociando pequeños aumentos salariales para los empleados estatales, pero esto después de años de congelamiento, y el margen para un mayor incremento ya sea en el sector público o el privado se ve limitado por las perspectivas económicas. El crecimiento de los salarios promedia un 0,3% desde 2013.

Se prevé que la tercera mayor economía de la región crezca un 1,2% este año y sólo un 1% en 2018, de acuerdo con las estimaciones recabadas por Bloomberg. Riccardo Sanna, economista jefe del principal sindicato de trabajadores de Italia, CGIL, dice que el Gobierno debe poner fin a la congelación de la contratación e impulsar la inversión.

"Tenemos que actuar en dos frentes: el primero es el papel clásico del sindicato obrero que es naturalmente reclamar salarios más altos", dijo. "El otro pilar de nuestra acción debe ser, obviamente, la creación de empleo".

Francia: Macron contra los aumentos

En la segunda economía de la zona del euro, los sindicatos franceses deben enfrentarse a un nuevo presidente que ya ha cancelado un aumento de sueldo para los trabajadores del sector público. Emmanuel Macron también está emprendiendo una revisión de las leyes laborales para debilitar la negociación central y trasladar las negociaciones a nivel de empresa, una forma de flexibilización interna que ha demostrado ser más resistente ante los shocks económicos.

Los empleados del Estado conforman alrededor de un quinto de los trabajadores franceses y el gasto público representa más del 56% de la economía, lo que significa que la política de remuneraciones de Macron repercutirá en todo el sector privado. El crecimiento salarial ha promediado un 1,6% en los últimos cuatro años.

Alemania: dinero no lo es todo

Si hay una economía de la zona euro que muestra lo difícil que es poner en marcha el crecimiento de los salarios en la era posterior a la crisis, es la más grande de todas: Alemania.

Los trabajadores alemanes tienen más poder de negociación que otros, gracias a un desempleo en mínimos récord y al auge de las exportaciones, pero el crecimiento anual de los salarios desde 2013 sólo ha sido del 2,1%. Los datos del jueves mostraron una inflación de 1,6%.

El sindicato de la industria metalúrgica y electrónica del país, con 3,8 millones de afiliados, pondrá a prueba el estado de ánimo este otoño cuando comience a elaborar demandas salariales.

"El fruto de nuestras exportaciones no se está trasladando adecuadamente a los trabajadores", comenta Gustav Horn, director de una fundación de investigación vinculada a la Confederación Sindical Alemana. "Aumentar los salarios sería útil para aumentar el poder adquisitivo que luego se traduce en un mayor consumo".

Si bien el banco central del país dice que el crecimiento salarial debería mejorar el próximo año, Horn ve un problema en la presión a la baja que genera la infrautilización de empleados a los que les gustaría trabajar más más horas, una tendencia creciente.

Alemania también demuestra que el dinero no lo es todo. Más de la mitad de los afiliados al sindicato ferroviario y de transporte decidieron renunciar a un 2,6% de aumento de sueldo a partir del próximo año con el fin de tener seis días más de vacaciones.

Ser pacientes

El bajo nivel de remuneración es, en cierta medida, un fenómeno mundial, incluso en los países con mercados laborales en pleno empleo. Los datos estadounidenses que se conocerán el viernes probablemente refuercen el panorama de aumentos moderados que domina la economía en los países desarrollados, a pesar de una tasa de desempleo de sólo el 4,4% y el noveno año consecutivo de expansión económica.

En el Reino Unido, las cifras del miércoles mostraron que el ingreso real cayó al ritmo más rápido desde agosto de 2014, incluso con el desempleo más bajo en 42 años.

El economista jefe del BCE, Peter Praet, dice que la relación entre el desempleo y los salarios no se ha roto sino que se ha convertido en un proceso más lento que requiere paciencia. Eso es algo que a los sindicatos les resultará difícil escuchar.

"Esta recuperación es diferente", comenta Martín. "Los trabajadores no quieren arriesgar su empleo, esa es una de las cicatrices que dejó la crisis. La gente ya no hace huelga. Es difícil presionar a las empresas cuando se tiene miedo".

Actualidad Laboral / Con información de El Economista