05-11-2018

La semana pasada, Jair Bolsonaro fue elegido presidente de Brasil en segunda vuelta por un amplio margen. Bolsonaro recibe un país con grandes retos económicos, como un débil crecimiento, cuentas fiscales deterioradas y una limitada apertura comercial. Brasil es la economía más grande de América Latina, por lo que las medidas tomadas en los siguientes años, pueden tener gran impacto en la región.


Crecimiento anémico


El primer reto es impulsar la economía brasileña. Entre el 2012 y el 2017, Brasil retrocedió 0,5%, mientras que los países del Mercado Integrado Latinoamericano (MILA) crecieron 2,7% y las economías emergentes del mundo aumentaron alrededor del 4,4%. Entre el 2015 y el 2016, Brasil enfrentó una fuerte recesión desencadenada por los escándalos de corrupción, crisis política, bajos precios de commodities y alta inflación. La recesión culminó en el 2017 con un crecimiento de 1,0% explicado, principalmente, por la fuerte expansión del sector agrícola (13,0%). Para el 2018, tras los desalentadores resultados del primer semestre, las proyecciones de crecimiento del gobierno se redujeron a 1,6%.


Insostenibilidad fiscal


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El segundo reto es revertir el deterioro de las finanzas públicas. El balance fiscal primario, el cual no considera el elevado gasto en intereses, pasó de un superávit de 2,2% del PBI en el 2012 a un déficit de 1,3% en el 2017. Este incremento se ha atribuido, principalmente, a que los ingresos como porcentaje del PBI (producto interno bruto) disminuyeron de 34,5% a 30,1% en el mismo período de tiempo. No obstante, incluso con esta caída, los ingresos del Gobierno Brasileño se mantienen muy por encima de Chile (22,8%) y México (24,8%), por ejemplo.


Esta situación ha puesto el foco del debate en la eficiencia del gasto público y en la sostenibilidad de la deuda pública, que ha pasado de 60,2% del PBI a 84% en solo cinco años, según cifras del FMI. El problema más serio es el gasto del sistema pensionario, que representa cerca del 35% del gasto total, y que resulta un gran desafío debido a tres factores.


El primero es la inexistencia de una edad mínima de retiro. Para recibir una pensión en Brasil es necesario haber contribuido 15 años; mientras en los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), el promedio es 26. Esto explica que los trabajadores en Brasil se jubilen, en promedio, a los 53 años. El segundo es la alta tasa de reemplazo –proporción entre la pensión recibida y el último ingreso– que permite que los trabajadores reciban el 70% del último salario percibido.


En tercer lugar, se observa gran desigualdad en la distribución de las pensiones. Según el Banco Mundial, el 20% de los pensionistas más ricos, reciben 9 veces más que el 20% más pobre. Adicionalmente, se espera que, debido al envejecimiento de la población, la proporción de personas mayores de 65 años se triplique en las próximas cuatro décadas, con lo que se elevaría aún más el gasto en pensiones.


Proteccionismo


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Otro de los retos que afronta Brasil es la limitada apertura comercial. Según el Banco Mundial, las exportaciones representan solo el 12,6% del PBI. Esto lo ubica como el segundo país en Latinoamérica con menor participación de las exportaciones en proporción a su producción total, solo por detrás de Argentina (11%). Por su parte, las importaciones representan el 11,6% del PBI, lo cual lo ubica en el último puesto de la región.


Según un estudio realizado por investigadores del Banco Mundial, si bien es cierto que en países con economías grandes el comercio exterior tiende a representar una menor proporción del PBI; en las ocho economías más grandes del mundo, las exportaciones equivalen en promedio al 26% del PBI y las importaciones, al 25%, cifras bastantes mayores a las de Brasil. El estudio indica que esto se debe a que Brasil no ha podido integrarse a las cadenas de valor internacionales.


La escasa integración se debe, principalmente, a las elevadas barreras arancelarias y a los elevados costos logísticos. Por ejemplo, 450 partidas comerciales de textiles, ropa y vehículos en Brasil se gravan con una tasa arancelaria de 35%. En relación con los costos logísticos, según el Doing Business 2019, Brasil se ubica en el puesto 106 de 190 países en la facilidad para realizar comercio transfronterizo. Según este reporte, el costo de cumplimiento fronterizo de las exportaciones, que incluye los costos en puertos, aduanas e inspecciones, es de casi US$862, lo que representa más del doble del costo en México (US$400) y triplica el costo en Chile (US$290). Así, el flamante presidente Bolsonaro se enfrenta a una tarea que no es nada fácil y en la cual han fracasado los últimos gobiernos.


Actualidad Laboral / Con información de El Comercio Perú