10-03-2021
 

La ruta para sacar las economías de América Latina a flote incluye ayudas a las poblaciones más vulnerables, un comercio internacional fuerte y la posibilidad de reestructurar la deuda gubernamental con inversores privados, dijo David Malpass, presidente del Banco Mundial, en una conferencia de prensa virtual.


La multilateral estima que unos 100 millones de personas en el mundo cayeron en pobreza debido a la crisis económica por la pandemia y esto -señala- “ha sido particularmente evidente en América Latina”. El banco espera que para junio de este año, haya destinado 10.000 millones de dólares para diferentes programas de ayuda en 24 países de la región incluyendo el Caribe.


A partir de la crisis y el clima de inversión financiera a nivel mundial, países latinoamericanos han recurrido a la deuda para poder solventar el gasto en programas sociales y de estímulo económico. Esta deuda se está convirtiendo ya en un peso y el Banco Mundial espera que, por lo menos, los países más pobres puedan ver sus deudas canceladas o reestructuradas mientras se pone en marcha una recuperación.


“Durante un año, hemos estado trabajando en la moratoria de pagos y también el G20 ha presentado un marco común para la reducción de la deuda, que reconoce que la carga de la deuda y el pago de la deuda existente están utilizando un espacio fiscal muy importante en los países, ese espacio que se necesita para las redes de seguridad social, para la educación, la salud, para las necesidades básicas de las personas”, dijo Malpass. ”Si los países están pagando a sus acreedores, eso agota los recursos disponibles”, agregó.


Malpass recordó su trabajo en el Departamento del Tesoro cuando, a finales de los ochenta, Estados Unidos acordó el Plan Brady, que consistía en otorgar bonos a los países de Latinoamérica que estaban inmersos en una crisis de deuda. “Eso llevó a una década perdida. Esta vez, tenemos que intentar evitar que una crisis por deuda se extienda”, dijo Malpass. “Por lo tanto, estamos tratando de evitar una situación en la que la deuda simplemente se refinancia a una tasa de interés alta y luego continúa creciendo en el futuro. Eso requiere que los acreedores bilaterales oficiales, los acreedores del sector privado, trabajen para encontrar tasas de interés más bajas para las diversas deudas que gravan a la región”, aseguró.


En los últimos 20 años, los Gobiernos han recurrido más que antes a la deuda privada, es decir con fondos e inversores en los mercados financieros internacionales, y no solamente con organizaciones multilaterales. “Eso es muy difícil de reestructurar según las reglas actuales,” explicó Malpass. “Las reglas están desequilibradas, de manera que tienden a favorecer a los acreedores frente a los deudores a través de las estructuras legales de Nueva York y Londres, lo cual crea grandes desafíos para los países mientras intentan reestructurarse”. En el último año, Ecuador y Argentina han tenido que renegociar su deuda externa con bonistas en el extranjero, lo que ha incrementado el costo de su deuda por más tiempo.


Además del gasto en garantías sociales y de salud que los países necesitan mientras logran vacunar a sus poblaciones para eventualmente volver a abrir sus economías a toda su capacidad, los países se beneficiarán del comercio internacional, dijo Malpass. “Tenemos programas regionales que ayudan a cruzar fronteras y facilitar cosas importantes como el comercio, para que los bienes puedan fluir de un lado a otro dentro de América Latina y el Caribe y también a otros países, porque creo que esos canales comerciales terminarán siendo vitales en la nueva economía”.


América Latina, como región, tiene solo el 8% de la población mundial, pero suma el 20% de las infecciones por la covid-19 en todo el mundo y el 30% de las muertes, dijo Malpass. Y la lenta vacunación y el bajo acceso que los países han tenido a las vacunas “es un problema difícil y severo para América Latina”, dijo. El Banco Mundial ha proporcionado y tiene fondos disponibles para algunos países que los necesiten para comprar vacunas a través del programa Covax, una alianza público-privada impulsada por la Organización Mundial de la Salud y la Alianza para las Vacunas GAVI.


“Latinoamérica ha estado trabajando intensamente con Covax,” dijo Malpass, “y conforme Covax tiene suministros creo que habrá algo de eso disponible para América Latina, pero no lo suficiente para abordar realmente este gran problema. Según algunas estimaciones, parece que América Latina solo tendrá el 3% de las vacunas disponibles, lo que no es suficiente”.


Actualidad Laboral / Con información de El País