Desde hace ya mucho tiempo el empleador (salvo que se trate del Estado venezolano) dejó de ser el fuerte de las partes que conforman una relación de trabajo para pasar a ser el débil jurídico de dicha relación.

No me refiero a que ahora en Venezuela los trabajadores tengan más dinero o poder que antes (lo que obviamente no es cierto), sino que tanto trabajadores como empleadores han pasado a estar en minusvalía frente al Estado todopoderoso que hace lo que le place a completa voluntad.

Si analizamos los momentos más relevantes de toda relación de trabajo nos encontraremos que el Estado en su afán de controlarlo todo, ha hecho que ni el patrono ni el trabajador tengan control alguno sobre sí mismos.

Los invito a hacer ese análisis conjuntamente para que ustedes saquen sus propias conclusiones:

En primer lugar, la relación de trabajo se inicia con la contratación del trabajador. En este caso, los pocos patronos que quedan en Venezuela (cientos de miles de empresas han cerrado en el país en los últimos diez años) tienen que buscar personal capacitado dentro de la poca oferta que existe (casi dos millones de personas han emigrado de Venezuela en el mismo período de diez años).

De manera que de las empresas que aún existen, solamente unas pocas están contratando empleados y lo hacen precisamente para sustituir al personal que decidió irse del país buscando un mejor futuro. Usualmente, los trabajadores más capacitados son los que tienen la oportunidad de salir del país, quedándose las empresas con personal con poca experiencia (y que además ya está buscando irse al exterior).

Este problema no tiene solución bajo el esquema de gobierno y del sistema económico que rige actualmente a Venezuela. Bueno, salvo que se utilice la "solución cubana", que consiste en crear una base de datos de empleos disponibles a nivel oficial y que a los empleadores (que queden) se les asigne el personal que corresponda. Es decir, el Estado será el repartidor del empleo en forma ordenada. Como las captahuellas para adquirir alimentos.

En segundo lugar, cuando el empleador por fin consigue a un empleado y el trabajador se queda el tiempo suficiente en el trabajo, pasamos a la segunda etapa de la relación que tiene como punto fundamental la prestación personal del servicio y su respectiva remuneración.

Ahora bien, en la Venezuela de hoy todo depende de que el burócrata de turno tome o no, una decisión. En ese sentido, si la empresa de la que estamos hablando se dedica al ramo de la importación y reventa de productos o si nos referimos a un obrero de la planta de producción de una empresa automotriz,  probablemente la prestación de servicios será muy intermitente y dependerá de que se apruebe Cadivi, Sicad I, Sicad II, Cencoex, Corpovex, y se repita el Padre Nuestro versión chavista en cien ocasiones.

Debido a que la prestación de servicios será en muchos casos un milagro y las empresas van a estar más tiempo paradas que produciendo, la remuneración por dicha "no producción" debería ser igual a cero. Sin embargo, en el país del "nunca jamás" (es decir, Venezuela) los empleadores tienen la obligación de pagar el salario (con todos sus aditivos, es decir, horas extras, bono nocturno, días feriados, etc.) aun cuando el trabajador no haya pisado su trabajo en la planta.

Aunque parezca increíble, durante esta fase los sindicatos negociarán ferozmente con una empresa casi quebrada y sin producción: (i) un incremento de la remuneración con base a la inflación del país (la más alta del mundo, cuando el BCV la publica y cuando no la publica también); (ii)  más días de permiso en el año (como si los días de "no producción" no son suficientes para tener un digno descanso); y por su puesto, (iii) la entrega del doble de los productos que produce la empresa (o más bien que no produce).

Finalmente, llegamos a la tercera y última etapa de toda relación de trabajo que consiste en la terminación de la relación. En ésta, salvo que el empleado se quiera ir del país o tenga una oferta de otra empresa, el patrono no tiene ningún tipo de posibilidad de despedir a un trabajador.

Para hacer el despido, el empleador debe acudir otra vez al burócrata de turno para que lo autorice a despedir a un trabajador poco productivo o que ha cometido una falta. La otra opción es adentrarse en el juego de bingo en que se ha convertido el proceso de terminación de personal en Venezuela.

Gracias a Dios que el Gobierno se ha dado cuenta de todos estos problemas y con el "sacudón" los va a resolver de inmediato. Por lo pronto, la primera decisión relevante sobre el tema ha sido "ordenarles a las empresas incrementar (duplicar) la producción o sufrir las consecuencias de que se les aplique la Ley de Precios Justos". Debido a que al parecer esa medida no ha dado resultado, lo siguiente ha sido ordenar la reforma de la Ley de Precios Justos mediante la Ley Habilitante.

¡Bravo! así, así, así... es que se gobierna.

Juan Carlos Varela / Abogado

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