09-10-2020

Luego de que la cuarentena contra el coronavirus suspendió durante unos meses uno de los mayores movimientos migratorios de los últimos años, los venezolanos vuelven a huir de nuevo de la crisis económica y humanitaria en su país.


Aunque el número de personas que se marcha es menor del que lo hacía en el apogeo del éxodo venezolano, funcionarios migratorios colombianos esperan que 200.000 venezolanos ingresen al país en los próximos meses atraídos por la posibilidad de tener un salario mejor y poder enviar dinero a su país para alimentar a sus familias.


Los nuevos migrantes se topan con condiciones mucho más adversas que aquellos que se fueron antes de la pandemia. Los albergues siguen cerrados, los conductores son más reticentes a subir a sus vehículos a quienes esperan en la calle y los residentes que temen contagiarse son menos propensos a ayudar con donaciones de comida.


A medida que los gobiernos de toda Sudamérica paralizaban sus economías con la esperanza de frenar la propagación del COVID-19, muchos migrantes se quedaron sin trabajo. Más de 100.000 venezolanos regresaron a su país, donde al menos tenían un techo sobre sus cabezas.


Hoy en día, los cruces oficiales por tierra y puentes a Colombia siguen cerrados, lo que obliga a los migrantes a tomar caminos ilegales a lo largo de la porosa frontera de 2.200 kilómetros (1.370 millas) con Venezuela. Esas carreteras de tierra están controladas por violentas bandas de narcotraficantes y organizaciones rebeldes como el Ejército de Liberación Nacional.


“El reingreso de la población venezolana para Colombia se está dando a pesar de que la frontera está cerrada”, afirmó Ana Milena Guerrero, responsable del Comité Internacional de Rescate, una ONG humanitaria que ayuda a los migrantes.


Y muchos se ven obligados ahora a caminar durante días dentro de su propio país para alcanzar la frontera debido a una escasez de gasolina que ha reducido el transporte entre las ciudades.


Cuando los migrantes llegan a su destino, una nueva lista de preocupaciones se cierne sobre ellos. La tasa de desempleo en Colombia pasó del 12% en marzo a casi el 16% en agosto. Quienes no pueden permitirse pagar el alquiler están siendo desahuciados. Y para complicar aún más las cosas, más de la mitad de los venezolanos en Colombia no tienen estatus legal.


Sin embargo, la posibilidad de ganar incluso menos que el salario mínimo es para muchos un impulso. El sueldo mínimo en Colombia ronda ahora los 260 dólares, muy por encima de los apenas dos de Venezuela.


Actualidad Laboral / Con información de AP