La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo denomina “fenómeno ocupacional”, y parece indisolublemente ligado a la carga psicológica del empleo moderno. Se trata del estrés laboral o burnout, por el término en inglés que se ha popularizado.


La agencia sanitaria internacional lo reconoció como un factor de riesgo: “puede dar lugar a comportamientos disfuncionales, a contribuir a la mala salud física y mental; originar problemas psicológicos, trastornos psiquiátricos y terminar en situaciones de ausentismo laboral”, declaró.


Como señala la Asociación Estadounidense de Psicología (APA), el burnout laboral está en su punto más alto en muchas profesiones, impulsado por la pandemia de COVID-19 y la potente combinación de estrés personal, profesional y salud.


“El síndrome de burnout fue reconocido en 2019 como un trastorno mental en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) elaborada por la Organización Mundial de la Salud. La OMS lo describe como un síndrome resultante del estrés crónico en el trabajo que no fue gestionado con éxito”, explicó en una nota reciente con Infobae el doctor Daniel López Rosetti, cardiólogo y especialista en Medicina del Estrés.


El agotamiento laboral es un tipo especial de estrés relacionado con el trabajo, un estado de agotamiento físico o emocional que también implica una ausencia de la sensación de logro y pérdida de la identidad personal, advierten los expertos de la Clínica Mayo de EEUU.


Un cansancio peligroso


También denominado “síndrome del quemado”, es un estado de agotamiento físico, emocional y mental que está vinculado con el ámbito laboral, el estrés causado por el trabajo y el estilo de vida del empleado. Puede tener consecuencias muy graves, tanto en la esfera física como psicológica.


Se caracteriza por tres factores: el agotamiento emocional, la despersonalización y la disminución de la capacidad de toma de decisión o iniciativa. Y va mucho más allá del desempeño laboral: el agotamiento puede extenderse a toda la vida y aumentar la probabilidad de muchas enfermedades.


“Este desgaste laboral puede afectar a cualquier trabajador, cumpla el rol que cumpla. Es una forma inadecuada de afrontar el estrés crónico, cuyos rasgos principales son el agotamiento emocional, despersonalización y disminución del desempeño personal”, afirmó la licenciada Liliana E. Moroni (MN 5855), coordinadora del Equipo Psicopatología del Centro Médico Integral Fitz Roy.


En el caso de los cuidadores de personas enfermas, su objeto de trabajo, que son los pacientes que están a su cargo, se cosifican y se convierten en la fuente de su problema. Se los hace responsables del estado de estrés en el que viven.


La licenciada agregó: “El trabajador puede sentir más carga de trabajo, menos tiempo libre-recreativo. Comienza a tener sentimientos que le generan malestar, conflicto, insatisfacción, inseguridad, y que lo lleva a ubicarse con menor confianza en sí mismo, y hasta subjetivamente menosprecio por esa merma de valoración”, señala la especialista.


“El espacio laboral comienza a no satisfacer los intereses, las tareas comienzan a demandar mayor energía y esto produce un mayor aislamiento social. A partir de allí, comienza un desequilibrio entre la vida social y familiar”, indicó Moroni.


La especialista afirmó que el nacimiento de este síndrome no está vinculado a la pandemia, sino que esta última lo remarcó y acentuó aún más. Para quienes trabajan en modalidad remota, no sólo aumentaron las tareas laborales sino que, aquellos que tienen hijos, tuvieron que destinar parte de su rutina a ayudarlos y acompañarlos, sin dejar de lado las exigencias propias del trabajo.


De acuerdo con un estudio realizado por el portal de empleos, Bumeran, realizado en 2021, la ocurrencia del síndrome de burnout en Argentina era del 80,2%, al igual que en Chile. En Perú es del 72,9% y en Panamá el 53,6%. A nivel regional, los usuarios han experimentado en su mayoría estrés, falta de motivación y un agotamiento fuera de lo normal a causa de la carga excesiva de trabajo.


La pandemia de COVID-19 ha tenido grandes efectos en el estrés laboral, ya sea al trabajar desde los hogares o al asistir al trabajo. Luego de un año y medio de pandemia, según este informe, el 86% de usuarios de la región aseguraba que se encontraba más “quemado” que el año anterior.


La pandemia puso sobre la mesa la organización de los horarios de trabajo, puesto que con ella se han acelerado fenómenos que podrían alimentar esta tendencia que aumenta los períodos de empleo.


Las 5 señales de alarma


Estos son algunos signos, sentimientos y síntomas comunes que se pueden experimentar al estar “quemado”:


Agotamiento


Sentirse abrumado psicológicamente puede manifestarse en agotamiento físico y fatiga. Las tareas básicas, como ducharse o preparar una comida, por ejemplo, pueden parecer más difíciles, mientras que un largo día de trabajo parece imposible de realizar. Sentirse más cansado de lo normal es una señal de burnout.


Sentimientos de temor y falta de motivación


El burnout suele coincidir con sensación de ansiedad o temor relacionado con el trabajo, especialmente después de un par de días libres. Si vemos que los días son cada vez más difíciles de superar, la calidad del trabajo se desploma y la perspectiva de volver a trabajar luego de un descanso nos pone en estado de ansiedad, es probable que el burnout se haya hecho presente en nuestras vidas.


Dificultades para dormir


La calidad del sueño es una parte crucial de nuestra salud. No descansar bien puede contribuir al burnout, mientras que el agotamiento en sí mismo puede afectar la calidad del sueño, provocando un círculo vicioso de inquietud e insomnio.


El agotamiento podría dificultar conciliar el sueño, permanecer dormido, junto con otros síntomas físicos, como dolores de cabeza, tensión corporal y problemas estomacales.


Apetito inestable


Aunque las personas reaccionan de distintas maneras cuando se trata de alimentación, perder el apetito o comer por demás pueden ser signos de que algo no anda bien. Durante los períodos de agotamiento el hambre también se ve afectado. Las personas pueden desear comidas “reconfortantes”, encontrar que el apetito aumenta mucho o perderlo, especialmente en la mañana, antes de ir a trabajar.


Cinismo e irritabilidad


El estado de ánimo puede ser lo primero que cae en picada en las primeras etapas del agotamiento. Sentirse frustrado o irritado puede ser una señal de que se está cerca del agotamiento. Como resultado, las relaciones personales y profesionales comienzan a verse afectadas.


Los distintos niveles del burnout


El burnout o síndrome del quemado puede manifestarse según cuatro niveles:


Leve: la persona siente cansancio, dificultad para levantarse a la mañana, se queja vagamente.


Moderado: se caracteriza por irritabilidad, aislamiento, negativismo.


Grave: enlentecimiento, automedicación con psicofármacos, ausentismo, aversión, abuso de alcohol o drogas.


Extremo: aislamiento muy marcado, colapso, cuadros psiquiátricos, suicidios.


Cuál es el tratamiento para el burnout


Ante la aparición de los síntomas lo recomendable es realizar una consulta médica con un profesional de la salud, un especialista del área de la salud mental y/o medicina del estrés.


“Para la valoración del síndrome existen diversos cuestionarios, pero uno de los más utilizados es el MBI. A partir de tener el diagnóstico que confirma la presencia del síndrome, las empresas deberían implementar diversas herramientas tales como charlas, talleres, capacitaciones guiadas por los líderes de los sectores más afectados, entre otros” explicó Moroni.


En primer lugar, según la licenciada, es importante estar atentos a la falta de energía, irritabilidad, aumento de la ansiedad y sensación de abatimiento para una detección temprana del burnout.


“Para combatirlo, se recomienda tomar algunos hábitos -que seguramente por el estado anímico que se está atravesando fueron suspendidos-, tales como ir al gimnasio, darse el tiempo para disfrutar de un almuerzo saludable, salir a caminar, entre otras. Asimismo, se sugiere bajar las expectativas o metas propuestas para que sean realistas y acordes a las verdaderas posibilidades”.


“Advertir los pequeños logros, darles visibilidad, no minimizarlos sino que remarcarlos y pensar que merecen celebrarse para compartirlos con amigos y familia, es clave” expresó la especialista.


También es importante reconsiderar el tiempo frente a las pantallas. Si bien nuestros dispositivos pueden hacernos sentir más conectados con los demás, pasar demasiado tiempo frente a las pantallas puede ser perjudicial para nuestro bienestar. Se recomienda establecer límites para revisar el correo y las aplicaciones de redes sociales, para así no afectar el sueño.


Por último, el autocuidado es muy importante, no solo para abordar el agotamiento sino también para prevenirlo. Esto incluye hacer ejercicio, meditación y seguir una dieta saludable. Además, asegurarse de desconectarse del trabajo durante el tiempo libre, lo que significa participar plenamente en las actividades.


Se ha demostrado que pasar tiempo en la naturaleza, como caminar por un parque, reduce el estrés agudo y crónico.


Si vemos que tenemos dificultades con el burnout, puede ser muy difícil salir solo. En algunos casos, ver a un psicólogo puede ser un paso necesario hacia la recuperación de la calidad de vida.


Consejos de la neurociencia


La doctora Fernanda Giralt Font, especialista en estrés y burnout de INECO Organizaciones brindó en Infobae una serie de recomendaciones para afrontar las situaciones de tensión:




  • Aprender a detectar cuando te estás estresando. El estrés tiene diversas manifestaciones que van desde manifestaciones físicas (dolores, contracturas, problemas digestivos, hipertensión y tensión muscular entre otros), manifestaciones emocionales (como irritabilidad e insatisfacción) y manifestaciones cognitivo- conductuales (problemas de atención y memoria, bloqueos en el rendimiento y aislamiento).

  • Aprender a darnos cuenta cuando las demandas exceden aquellos que creemos poder afrontar y detectar estas manifestaciones es fundamental para intervenir a tiempo.

  • Modificar el ambiente incluyendo en él cosas que te relajen y te hagan sentir mejor, es una gran práctica. Sal a comer con amigos, organiza un fin de semana especial, escucha aquella canción que te relaja y elimina aquellas que fomentan el distress (no tomes bebidas con cafeína, no trabajes en la cama, por ejemplo).

  • Organizar el tiempo personal estableciendo prioridades y separando lo urgente de lo importante.

  • Practicar técnicas de respiración, relajación, meditación o mindfulness que permiten la regulación de los mecanismos fisiológicos del estrés.


Actualidad Laboral / Con información de Infobae