El acoso laboral o mobbing puede manifestarse de muy diversas formas y en muchas ocasiones se inicia de una forma muy sutil. Se puede definir, en palabras de Andrea Trujillo Estrada, psicóloga de bluaU de Sanitas, como “aquel comportamiento negativo que se produce dentro del entorno laboral entre compañeros, superiores o inferiores jerárquicos a causa del cual el afectado es objeto de acoso y ataque sistemático durante mucho tiempo, de modo directo o indirecto, por parte de una o más personas, afectando negativamente a su estado y poniendo en peligro su integridad”.


Es una práctica frecuente tanto en las empresas privadas como en el sector público. Elisa Sánchez, psicóloga experta en salud laboral y miembro del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, explica que el mobbing “disminuyó durante la época de confinamiento por la pandemia de coronavirus porque es más difícil que te puedan acosar directamente cuando no estás en el mismo lugar físico, aunque existe el ciberacoso, pero es menos frecuente”. Sin embargo, con el descenso del teletrabajo y la vuelta a la presencialidad “hay reactivaciones de situaciones que estaban latentes en los últimos meses”.


Según los datos que maneja Trujillo, la modalidad más frecuente es la descendente o vertical -del jefe al subordinado- (46,73%), seguida del acoso mixto -que combina la horizontal entre compañeros del mismo nivel con la vertical- (23,56%). La más inusual es el acoso ascendente -del subordinado al jefe- (9,01%).


Factores que influyen en el acoso laboral


Entre los factores que favorecen el acoso laboral, Sánchez destaca “los estilos de liderazgo inadecuados”; por ejemplo, los conflictos interpersonales entre compañeros que los jefes no saben identificar y ante los que no intervienen de forma rápida. También actúan como caldo de cultivo un mal clima laboral, la sobrecarga de trabajo y la indefinición de papeles o roles laborales, que lleva a que muchos trabajadores no sepan exactamente lo que tienen que hacer o se solapen las tareas entre compañeros.


Sánchez señala que siempre “hay un conflicto en el que una de las partes, en vez de resolverlo de forma activa, lleva a cabo conductas que se consideran acoso”. En algunas ocasiones, puede darse el caso de que “una de las personas no haya sido consciente de que la otra tenía un conflicto con ella”. En resumen, el mobbing se produce especialmente en aquellos entornos en los que hay “un mal estilo de liderazgo, una tolerancia de la violencia, una cultura empresarial que fomenta más la competitividad o los resultados que la salud y el bienestar de las personas…”.


Señales de alerta del mobbing


A veces no es sencillo caer en la cuenta de que se está sufriendo un acoso laboral, ya que se puede iniciar de una forma progresiva, o bien manifestarse de una manera solapada y sin violencia aparente. Sin embargo, es importante detectarlo cuanto antes para actuar y minimizar sus consecuencias. Estas son algunas de las situaciones que constituyen señales de alerta del mobbing:




  • Relaciones personales distantes


Es muy probable que exista acoso en el trabajo “si el jefe o los compañeros ignoran a un trabajador de manera continuada, se niegan a hablarle o le responden con agresividad”, apunta Trujillo.




  • Menosprecio o sobrecarga de trabajo


No valorar adecuadamente la labor que realiza un empleado, con críticas no constructivas y demasiado duras, “supone una ataque directo a la autoestima de la persona hostigada, que además desarrolla miedo a realizar sus tareas”, indica la psicóloga de Sanitas. También es común ejercer el abuso asignándole demasiadas tareas, casi imposibles de abarcar. Otras veces no se le asignan tareas para luego poder acusarle de no hacer nada.




  • Labores sin seguridad


También es posible que un trabajador sea obligado a realizar labores que no cuentan con las medidas de seguridad adecuadas y, por lo tanto, ponen en peligro su integridad física.




  • Amenazas, tanto verbales como no verbales


Las amenazas -muchas veces veladas o indirectas- del acosador laboral pueden ser verbales o no verbales y muchas veces pueden ir acompañadas de proposiciones sexuales, que el abusador suele enmascarar como bromas.




  • Sensación de malestar


Sánchez describe algunas de las sensaciones y sentimientos que puede experimentar una víctima de acoso laboral en un primer momento:




  • Se encuentra mal en el trabajo.

  • Sensación de estar aislado.

  • Siente que no le tratan igual que al resto.

  • Percibe que no es tenido en cuenta.

  • Observa conductas que no entiende por qué ocurren.

  • Cambios continuos o sin sentido en las órdenes o pautas que recibe.


Perfil del acosador y de la víctima


Los acosadores laborales responden con frecuencia al perfil de narcisistas patológicos, psicópatas (o sociópatas), personas con falta de empatía, que van a lo suyo, los típicos trepas, etc. “No necesitan tener un motivo claro” para actuar de esa manera, aclara Sánchez. Cuando sí lo tienen, entre los más frecuentes se encuentran, según Trujillo, “los celos o la envidia, no sólo centrada sobre los bienes materiales de la víctima, sino sobre sus cualidades personales positivas (como puede ser su inteligencia) o su talento”. También son habituales los ataques “por motivos de odio hacia personas racializadas, homosexuales o mujeres”. En el caso de estas últimas, “pueden sufrir acoso sexual en sus puestos de trabajo”.


En cuanto al perfil de la víctima, Sánchez subraya que nadie está a salvo de sufrir acoso en el trabajo, si bien se suele hablar de rasgos que prefieren los acosadores en los individuos que son objeto de sus ataques. Así, las personas acosadoras, que tienen generalmente un estilo agresivo, buscan víctimas con un estilo pasivo, ya que prefieren no tener que vérselas con trabajadores más asertivos que ponen límites y piden ayuda rápidamente. Saben que quienes cuentan con escasas habilidades sociales, son más sumisos y evitan los conflictos tienen más dificultades para pedir el auxilio de otras personas.


Trujillo añade otras características habituales de los sujetos que pueden padecer mobbing: “Son personas con un sentido elevado de la responsabilidad, brillantes en su área de trabajo, que presentan algunos rasgos de vulnerabilidad o que señalan o ponen en entredicho algunas normas”.


Consecuencias del acoso en el trabajo


“Las consecuencias psicológicas y físicas del acoso psicológico en el trabajo sobre la víctima son auténticamente devastadoras'', afirma la psicóloga de Sanitas. Sánchez enumera algunas de las múltiples posibles molestias, síntomas y patologías que pueden aparecer: pesadillas, ansiedad, ataques de pánico, insomnio, problemas digestivos, falta de concentración, etc.


En el plano profesional, afecta directamente en el rendimiento del acosado, que se puede enfrentar a dificultades para desempeñar correctamente su trabajo. En otros casos, el acoso hará que la persona decida abandonar su puesto y buscar otro trabajo.


“A nivel psicológico, la salud mental de la persona acosada se ve realmente dañada. Es común desarrollar depresión o ansiedad, con sentimientos de fracaso, impotencia, frustración y baja autoestima”, asevera Trujillo, quien agrega que muchas de estas alteraciones “se incluyen en el denominado síndrome de estrés por coacción continuada -parecido al síndrome de estrés postraumático- en el que la víctima suele recordar las vivencias de ataques, amenazas o agresiones, con la sensación de estar siempre en el punto de mira del acosador, esperando a que este vuelva a atacar de nuevo”.


También es frecuente sufrir somatización: entumecimiento o insensibilidad en las extremidades o en los labios, fatiga continua, náuseas, vómitos, dolores torácicos y musculares, temblores, dificultad para dormir…


Cómo actuar ante el mobbing


“La ley de prevención de riesgos laborales obliga a prevenir e intervenir en todos los tipos de riesgos laborales, entre ellos los psicosociales, en los que se incluye el acoso psicológico en el trabajo”, subraya Sánchez. Ante una situación de este tipo, existe un protocolo de actuación que deben cumplir las empresas. Se crea una comisión, se hacen entrevistas a los trabajadores, reuniones, etc. En última instancia, hay que tener en cuenta que el Código Penal recoge el acoso laboral dentro de los delitos contra la integridad moral de las personas. De hecho, si la persona afectada “ha sufrido un daño en su salud y la empresa no ha hecho lo suficiente para protegerla, puede denunciar y se puede condenar a la compañía por no haber actuado de una forma adecuada”.


“Es importante denunciar siempre estas conductas”, argumenta Trujillo. “Más de la mitad de los casos no se denuncian por miedo a las consecuencias dañinas en el trabajo y la carrera profesional”. Otro motivo por el que no se suele actuar es la “coacción o amenazas, o bien porque el acosador o acosadores sean altos cargos o personas importantes dentro de la empresa”.


Tratamiento psicológico


En muchos casos, las víctimas de acoso en el trabajo necesitarán ayuda para desarrollar estrategias que les permitan gestionar sus emociones de una forma más efectiva y mejorar sus habilidades sociales para saber poner límites.


El mobbing provoca, entre otras secuelas, las siguientes:




  • Depresión y ansiedad, provocadas por la pérdida de autoestima y un fuerte sentimiento de culpa.

  • Hipersensibilidad, irritabilidad, aislamiento o agresividad.

  • Trastorno de estrés postraumático y miedo.

  • Problemas de memoria, pérdida de atención o concentración.

  • Agravamiento de problemas o dolencias previas o desarrollo de adicciones.


Además de proporcionar herramientas para enfrentarse a futuras situaciones de acoso, la terapia psicológica para superar el mobbing aborda las secuelas psicológicas. Esta segunda vertiente se centra tanto en el abandono de los sentimientos de miedo y culpa como en la recuperación de la autoestima y la autoconfianza.


Actualidad Laboral / Con información de El Economista