Para enero de este año, el Brookings Institution había estimado que cerca de 15 % de la escasez de mano de obra en Estados Unidos respondía a personas con síntomas del llamado covid largo o prolongado que no habían podido regresar al mercado laboral debido a esta condición.


En su momento, los cálculos daban como resultado que poco más de millón y medio de trabajadores a tiempo completo no regresaron al mercado laboral gracias a las afectaciones que les dejó, en el largo plazo, el covid-19.


Ahora, gracias a nuevos datos provenientes del organismo estadístico de Estados Unidos, se sabe que unos 16 millones de estadounidenses en edad de trabajar (entre 18 y 65 años) experimentan el llamado covid largo. De estos, entre dos y cuatro millones (dependiendo del set de datos que se aplique) no regresaron al mercado laboral por cuenta de estas afectaciones.


Los cálculos de Brookings indican que el covid largo se traduce, en términos del mercado laboral, en unos US$170.000 millones anuales en pérdidas; cifra que podría elevarse hasta los US$230.000 millones.


¿Qué es el covid largo?


Pero antes de continuar es pertinente explicar qué es el covid largo o síndrome poscovid, como también es denominado, que se caracteriza por incluir síntomas como fatiga extrema, pérdida de la memoria, debilidad muscular, dolor articular, tos, ansiedad y necesidad de oxígeno suplementario o en algunos casos con depresión, ansiedad, trastornos de pánico e insomnio, especialmente en pacientes que pasaron por una Unidad de Cuidado Intensivo (UCI).


En octubre del año pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) llegó a un consenso acerca de cómo delimitar este síndrome, una definición oficial. Para empezar, los efectos parecen ocurrir independientemente de la gravedad inicial de la infección, pero ocurren con más frecuencia en mujeres, de mediana edad y en aquellas con más síntomas inicialmente. La ausencia tanto de una terminología única como de una definición de caso clínico se ha señalado repetidamente como inconvenientes para avanzar en la investigación y el manejo de estos pacientes, que son entre el 10 y 20% de personas que experimentaron síntomas de COVID-19.


El consenso de la OMS indicó que, además de haber tenido un diagnóstico de covid-19 confirmado por un laboratorio, el paciente del covid largo debe cumplir mínimo dos meses con los síntomas y que estos incluyan disfunción cognitiva, fatiga, falta de aire, que los síntomas sean “fluctuantes”, “persistentes” o “recurrentes”, que impacte la vida diaria del paciente y que no pueda ser explicado con otro diagnóstico.


La relación covid-mercado laboral


Algunas estimaciones aseguran que, en el curso de la pandemia, el mercado laboral de EE.UU. perdió entre 3 y 3,5 millones de trabajadores, por varios factores (covid-19 incluido, pero también retiros prematuros, entre otros asuntos).


Los datos de Brookings van en línea con otros estudios, hechos por instituciones como la Reserva Federal de Minneapolis, que estimó que 26 % de las personas con covid largo vieron su forma de trabajo impactada debido al síndrome (bien sea en reducción de horas laborales o pérdida del empleo).


Así mismo, una de las principales organizaciones sindicales del Reino Unido (conocida como la TUC) encontró que 20 % de las personas con este síndrome no estaban laborando en ese país y otro 16 % había recortado sus jornadas laborales.


El Banco de Inglaterra estimó que el alza en enfermedades de largo plazo (con el síndrome poscovid a la cabeza) ha llevado a una reducción de 1,3 % en el total de la fuerza laboral inglesa.


Volviendo a EE.UU., al impacto en la salud que trajo la pandemia también habría que sumarle lo que en su momento se llamó la gran renuncia: una tendencia a abandonar los empleos en busca de mejores condiciones, pero también en busca de otro tipo de vida (lejos del estrés de las ciudades y los horarios de las oficinas).


Ahora bien, la ausencia de mano de obra explica en parte por qué la principal economía del mundo sigue bordeando una posible recesión, pero no termina de entrar totalmente en ella, al menos en apariencia: el mercado laboral continúa con ofertas gracias a, de nuevo, una cierta escasez de personas para llenar las posiciones disponibles.


Y esta danza entre ofertas laborales y la posibilidad de llenarlas ha mantenido activo, hasta un punto, el mercado del trabajo y, con esto, también ha impulsado el consumo de los hogares norteamericanos, lo que a su vez también le agrega oxígeno a toda la economía (así como a la inflación).


Las implicaciones de largo plazo


Sólo mirándolo desde un punto de vista económico, los impactos del síndrome poscovid son mayores a los US$170.000 millones, pues esta cifra sólo representa la pérdida anual en ganancias por el declive en la fuerza laboral.


Los costos, vistos desde una perspectiva más amplia, claramente van más allá de una pérdida de ganancias, pues implican también bajas en productividad sobre el tiempo, así como más cargas para el sistema de salud, así como para las redes de cuidado al interior de las familias.


El informe de Brookings cita a su vez un estudio del economista David Cutler, profesor de Harvard, quien estima que esta visión implicaría sumar, anualmente, unos US$544.000 millones a la cuenta.


Dada la escala del problema, el informe lanza algunas recomendaciones, que bien valen para prácticamente cualquier país, no sólo para EE.UU.


La primera es tener más opciones de tratamientos disponibles para ayudar en la recuperación total, o por lo menos parcial, de los pacientes.


Lo segundo es reforzar el esquema de cuidados de los trabajadores, especialmente en lo que tiene que ver con las incapacidades pagas: no tener este marco de protección alienta a que una persona enferma termine de quemarse en el altar del trabajo por pura necesidad económica.


Lo tercero es que, de parte de los empleadores, debe haber más flexibilidad en términos de ofrecer opciones de trabajo híbrido o remoto en general, pero especialmente para personas viviendo con covid largo.


Y lo último es revisar el mecanismo de acceso a pensiones por invalidez para los casos más extremos.


Actualidad Laboral / Con información de El Espectador