Los altos costos de suplir las necesidades de la vida hacen que millones de personas sientan que no pueden salir adelante. La inflación postpandemia ha dado protagonismo a un problema estructural que se viene gestando desde hace años: el costo de los productos básicos está fuera del alcance de muchos hogares alrededor del mundo.


Uno de los principales hallazgos del estudio del McKinsey Global Institute (MGI) llamado “Una vida mejor que todos puedan permitirse: llevar a 250 millones de personas al empoderamiento económico”, es que reducir el costo de los productos básicos es la principal clave para aumentar el empoderamiento económico de esa población.


La línea de empoderamiento es la estimación de MGI sobre el gasto requerido por cada individuo, en un país determinado, para acceder a alimentos nutritivos, vivienda y energía, agua potable, transporte, atención médica, educación, vestimenta y comunicación, con un gasto mínimo en recreación o actividades comunitarias. Implica una vida frugal, pero permite a las personas centrarse en algo más que la mera supervivencia.


En este caso, el MGI determinó que el empoderamiento comienza con $12 por día en términos de paridad de poder adquisitivo a nivel mundial, con variaciones regionales para tener en cuenta diferentes normas y costos.


En 2020, unos 730 millones de personas vivían en la pobreza extrema (con un ingreso diario de US$2,15), mientras que 4.700 millones se encontraban por debajo del umbral de empoderamiento.


Es decir, los países con ingresos más altos suelen tener mayores porcentajes de población por encima de la línea de empoderamiento. Sólo alrededor del 20 % de la población está plenamente empoderada en las economías de bajos ingresos. Esa proporción aumenta a aproximadamente el 50 % en las economías de ingresos medios y alrededor del 80 % en las economías de ingresos más altos.


A nivel mundial, para el 20 % inferior de los hogares, los altos costos de los productos básicos impiden que aumente el nivel de vida. Para estos hogares, un incremento de US$100 de PIB per cápita se asocia con entre US$18 y US$22 adicionales de consumo; sin embargo, casi todo esto se compensa, ya que para costear lo básico también se necesitan US$18 adicionales.


La vivienda es el mayor problema de asequibilidad para las economías de ingresos altos y medios. Los costos de los alimentos son un diferenciador importante para los países de bajos ingresos.


En resumen, si todos los países pudieran reducir los costos de los bienes y servicios esenciales para igualarlos a sus pares con mejor asequibilidad en el mismo nivel de ingresos, casi un cuarto de billón de personas más podría alcanzar la línea de empoderamiento. Estos países con mejores resultados muestran que es posible limitar el gasto de los hogares en bienes y servicios básicos.


Tanto para el sector público, como para el sector privado, tomar en cuenta estos datos y la línea de empoderamiento será clave para mejorar la calidad de vida de todas las personas.


Por ejemplo, una de las funciones del sector público podría ser maximizar la eficiencia de las cadenas de valor de extremo a extremo (como la entrega de alimentos o energía); esto podría tomar la forma de construir infraestructura moderna mientras que impulsar el alcance de los programas de transferencias en especie existentes podría ayudar a reducir aún más el gasto de los hogares en bienes esenciales.


De la misma forma, para el sector privado es necesario que este empoderamiento económico se dé. Internamente, los colaboradores empoderados están en mejores condiciones de contribuir productivamente y tienen menos incentivos para irse.


Además, ayudar a los colaboradores a ahorrar en costos de vida puede producir una ventaja en costos laborales, especialmente para las empresas que están internalizando esos costos mediante la adopción de “salarios dignos”. Externamente, algunos consumidores toman decisiones de compra basándose en la reputación de una empresa como empleador y como ciudadano corporativo.


Actualidad Laboral / Con información de Revista EyN