Tomar decisiones nunca es fácil. Tanto en lo personal como en lo profesional, la correcta toma de decisiones es un proceso arduo, que requiere tener en cuenta toda clase de posibles condicionantes que puede tener detrás una decisión y que pueden afectar a la misma, haciendo de ella un triunfo o un fracaso.


El fabricante de tecnología de consumo Huawei elaboró un estudio en 2018 en el que se consultó a más de 10.000 personas sobre el proceso de toma de decisiones. Las conclusiones de dicho estudio fueron que, de media, una persona toma más de 35.000 decisiones al día. Sin embargo, de esas 35.000 decisiones, apenas el 1% se toma de manera consciente.


El 99,74% de las decisiones que un ser humano toma al cabo del día son automáticas. Este dato no denota apatía o vagancia por parte del cerebro humano, sino que constata que muchas decisiones se automatizan porque son repetitivas, algunas incluso se repiten varias veces cada día: cruzar la calle, saludar al vecino, sacar a pasear al perro, etc.


El cerebro automatiza "toma por sí mismo" esas decisiones en función de su relevancia y deja que la persona sopese y participe en las decisiones realmente importantes. De ahí que el número de decisiones que una persona toma al día se reduzca a poco más de 100, no llega a 4 decisiones por hora.


Esa relevancia se determina en función de las consecuencias que puede traer consigo la decisión y de los riesgos que implica tomarla. Conocer esas consecuencias y minimizar esos riesgos se vuelve así imprescindible, no solo para las decisiones que se toman en la vida privada, sino en las que se deben tomar en el ámbito profesional, tanto a título individual como en representación de una compañía.


El que no arriesga, no aprende


El director general para Europa del Grupo BIC y presidente del Consejo de Administración de la Cámara de Comercio de Francia en Barcelona, David Cabero, aboga por fomentar el conocimiento de las consecuencias y los riesgos que puede traer consigo una decisión.


Cabero cuenta con más de 20 años de experiencia dirigiendo equipos de alto rendimiento, lo que le ha permitido desarrollar muchos conocimientos acerca de los procesos de toma de decisiones. El directivo ha querido plasmar toda esa experiencia en un libro, publicado por Seurat, que lleva por título Decidiendo: En tiempos de paz y de guerra.


En su libro, Cabero aboga por un acercamiento al proceso de toma de decisiones que apuesta mucho más por la estrategia que por la intuición. "Para saber decidir bien es importante analizar datos, evaluar distintos conocimientos y entender la realidad, así como las relaciones entre causa y efecto", apunta el autor.


"Solo decidiendo podremos ganar, pero no es menos verdad que si no decidimos bien podemos perder", resume el experto.


La importancia de las decisiones en el ámbito empresarial


La postura de Cabero a lo largo del libro es la de defender de manera sistemática la importancia de la toma de decisiones, no solo en la vida en general, sino en el ámbito profesional en particular. Sin embargo, esa importancia muchas veces se ve obstaculizada por toda clase de fricciones.


La consultora McKinsey & Company publicó una encuesta al respecto para la que consultó a más de 1.200 directivos pertenecientes a organizaciones de todo el mundo. Las conclusiones de la encuesta señalaron que los altos cargos experimentaban frustraciones comunes entre sí relacionadas con la toma de decisiones.


Entre esas frustraciones se encontraban: procesos de toma de decisiones que se ven interrumpidos antes de alcanzar una conclusión, lentitud y calidad desigual de los resultados obtenidos.


Según la encuesta de McKinsey, los directivos que pertenecen a las compañías que conforman la lista Fortune 500 desperdician más de 500.000 días de trabajo cada año en la toma de decisiones (un 61% reconoce que la mitad del tiempo que dedica a tomarlas es ineficaz). Ese tiempo le cuesta a estas empresas, según la consultora, más de 250 millones de euros al año en salarios.


"Cuando se puede cuantificar lo que se va a perder, se conoce el impacto negativo máximo que la decisión conlleva como riesgo", explica el director en Europa del Grupo BIC en su libro.


En Decidiendo, Cabero ofrece una serie de técnicas para dimensionar el riesgo que condiciona cualquier proceso de decisión, ya que "decidir es escoger un camino y descartar otro". "Cuando elegimos un camino siempre lo hacemos en detrimento de otro. De esta forma todas las decisiones implican directa o indirectamente saber decir no, o sea, descartar", argumenta.


Aquí puedes ver 5 consejos para mitigar la incertidumbre y reducir el riesgo de cometer un error en tu toma de decisiones.


Intenta destruir tu idea


"Intentar destruir tu propia idea puede ser una buena estrategia, si no consigues romperla, hay mayores probabilidades de que sea buena", aconseja el presidente de la Cámara de Comercio de Francia en Barcelona.


¿Cómo hacerlo?: "Pregúntate cuáles serían las razones para no tomar esa decisión. Si no encuentras ninguna, la probabilidad de que tu decisión sea la respuesta correcta al problema aumenta considerablemente", sostiene Cabero.


Genera muchas opciones


"También puedes optar por desarrollar un plan alternativo, abrir el abanico de opciones", recomienda el autor. Cabero aboga por barajar cuáles son las alternativas, puesto que "a menudo son los planes alternativos los que nos llevan al camino del éxito".


Sé responsable de tu huerto


El director en Europa del Grupo BIC también aconseja no dejar las decisiones en manos de otros: "Cuando te toque decidir, actúa: de lo contrario, no estarás asumiendo tus responsabilidades ni realizarás bien tu trabajo".


Entiende las consecuencias, controla tus miedos.


David Cabero defiende en su libro que antes de tomar decisiones es importante identificar los costes directos e indirectos que estas generarán con el fin de entender las repercusiones de la propia decisión.


"A la hora de tomar grandes decisiones aumentan la incertidumbre y el miedo a equivocarse, y es conocido que el miedo es uno de los elementos humanos más paralizantes, por lo que es fundamental aprender a identificarlo y gestionarlo", aconseja el autor.


Cuantifica las probabilidades.


Al preguntarse qué se puede ganar y perder con la toma de decisiones se entra en el terreno de las probabilidades, explica Cabero, que recomienda no olvidar que "todo proceso de decisión es a la vez un juego de probabilidades y, por lo tanto, el riesgo y la pérdida también existen".


Aquí el autor hace una distinción, y es que, una decisión en la que se estiman un 100% de probabilidades de éxito no es una decisión porque no hay nada que decidir. Sin embargo, con cuantificar las probabilidades de la decisión el director en Europa del Grupo BIC señala que no se refiere a tentar al azar, sino a elegir, escoger entre diferentes opciones y asumir "riesgos calculados".


Este concepto cobra especial importancia para el autor, que asegura que ese cálculo se obtiene al estimar las posibles ganancias y las pérdidas, "aceptando que la pérdida es asumible y que las posibilidades de perder son limitadas". "La probabilidad de ganar se erige como la gran diferencia entre apostar y asumir riesgos calculados", sintetiza el autor.


Actualidad Laboral / Con información de Business Insider